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jueves, 24 de octubre de 2024

Leer para entender (En defensa de los libros de texto)

 ¿Qué opinas sobre los libros de texto? ¿Crees que deben abandonarse en aras de la digitalización de la enseñanza? O tal vez, crees que son un instrumento imprescindible?

Por esas disyuntivas iba ayer, 24 de octubre, mi columna de Opinión en DIARIO JAÉN.
Os la dejo:
Leer para entender


Hubo un tiempo en que entrar a un aula conllevaba aspirar un dulzón aroma a libro, a lápiz, a goma MILÁN, a cuaderno recién estrenado. Olía también “a niño” entendido como esa unión entre colonia fresca rociada por la madre minutos antes de salir de casa, sudorcillo tras la “gimnasia” o algarabía de hormonas preadolescentes. Pero el perfume que mantengo en mi pituitaria de maestro añorante es el del libro impreso.

Últimamente los libros de texto han atravesado una época de denostación y desarraigo en aras de modernas tabletas, pantallas y hasta móviles. Todo digital, todo en proyectos investigativos, cooperativos o similares.  Este camino basado en la imagen carece de algo tan necesario como poder “tocar” el libro, algo que parece no tener importancia pero que, a juicio estudiosos del tema y muchos docentes, es realmente necesario.

A este respecto me llega la reseña del Libro “Apología del libro de texto” editado por Narcea. Lógicamente mis viejas neuronas “enseñantes” se han puesto a devorar las propuestas de su autor, Nuno Crato, nombre con reminiscencias de peplum clásico, y que ha sido ministro de Educación en la vecina Portugal. Revisando su currículo observo, con verdadero placer, que los resultados de la educación en su país ascendieron y mejoraron muy sensiblemente con sus planes de exigencia en materias básicas como Lengua y Matemáticas, algo que, confieso, he echado de menos en nuestro sistema en multitud de ocasiones y que he planteado en reuniones y artículos al respecto.

Para Crato, y cito textualmente, “hay que mantener los manuales escolares en papel porque son la plasmación de un plan de estudios con una exposición articulada, organizada y secuencial de los temas que sirve de hoja de ruta jerarquizada y objetiva para los profesores, para los alumnos e incluso para los padres” y continúa diciendo “los libros de texto son la introducción al mundo de la lectura inteligente, porque no solo se leen, sino que se leen para entender”.

Critica también el autor, y suscribo sus apreciaciones, el afán por incidir en que los alumnos son los que deben construir su propio aprendizaje y, por tanto, o consecuentemente, “eludir” los saberes básicos establecidos. Por otro lado, la tendencia que lleva a que los maestros produzcan los materiales educativos en el aula le parece, si se lleva al extremo, un modo de detraer la atención que la labor que debería prevalecer: la transmisión de conocimientos, actitudes y valores que impulsen al alumnado realmente en su crecimiento personal, intelectual y social.

El uso de pantallas y material digital ha de ser, en todo caso, complementario y puntual para fortalecer e implementar determinados aspectos del proceso educativo, pero no el foco principal, asegura Crato, en su disertación.

Otro problema añadido es la manipulación, por llamarlo de algún modo, que se produce en ciertos textos debido a implicaciones ideológicas o políticas no solo en cuanto a contenidos sino también a procesos y aplicaciones al aula. En Portugal, a este respecto, se aprobaron leyes que hacían más rigurosos los procesos de aprobación de libros de texto para evitarlo incluyendo evaluaciones periódicas. Quizá podríamos tomar nota y, en especial, recuperar la buena idea de usar los libros de texto como instrumento básico de la enseñanza.

 

viernes, 11 de octubre de 2024

Páginas vs. pantallas

 


Mi columna de Opinión en 


DIARIO JAÉN. Viernes 11 de octubre. 2024. ¡¡ Siempre con la lectura!!

Páginas vs. Pantallas.

Pedro A. López Yera

Sí, lo sabíamos. Tantos años de compartir aula con chicos y chicas nos ha permitido a los docentes, como en otros aspectos a las familias, desarrollar un especial sentido respecto a la lectura.

En estos momentos en los que la inmediatez del mensaje, de la noticia, de las redes predispuestas a olvidar medio segundo después lo que se ha leído, satisface encontrar estudios que aclaran que “los alumnos y alumnas que “consumen” libros, obras, de más de cien páginas llevan mucha ventaja en cuando a comprensión lectora”. En esta sociedad actual es necesario recordarlo.

Esa ventaja a la que aludíamos antes llega a ser equivalente a todo un curso académico. Si se manejan, leen, textos complejos se comprenden mejor los textos lineales. Y, no solo eso, se adquieren claves con las que extraer de forma más adecuada, válida y exitosa informaciones para las que se necesite combinar fuentes múltiples, incluso contradictorias. Pensemos en la dificultad de enfrentarse a cualquier dato relevante extraído de internet. La discrepancia entre lo buscado será directamente proporcional al número de fuentes consultadas. Y he ahí la necesidad de esa “Lectura” que abrirá las claves del propio conocimiento y, por tanto, de la construcción de un ciudadano crítico, conciliador y escudriñador entre realidades, hechos, y opiniones siempre interesadas.

¿Podemos conseguir los docentes en solitario despertar o, al menos, impulsar y favorecer ese afán lector? Obviamente, no. Las evidencias implican a las familias y al ambiente en que cada chaval de desarrolla. Hay estudios que indican que más del 20% de las habilidades lectoras y, por tanto, del “disfrute” lector provienen de factores medioambientales que engloban a su círculo familiar. Nunca nos cansaremos de proclamar a los cuatro vientos que ver leer a un padre, a una madre, a un hermano mayor, es, junto con el disponer en el hogar de un cierto número de libros o, en su defecto, promover el acceso a bibliotecas cercanas, es una de las mayores y mejores acciones con que “educar” a ese niño o niña que, tal vez, navega con más intensidad por pantallas que por páginas.

Leer no puede ser efecto de la obligación escolar, al menos no en toda su extensión. Sobre esa sugerencia lectora del aula ha de sobrevolar el propio interés y no solo en obras, digamos, literarias. Novelas, cuentos, libros divulgativos adecuados a la edad y, por supuesto, comics son escalones que, poco a poco, harán subir la propia personalidad y formar niveles de superación que influirán después, incluso, en la vida profesional.

Si los niños son pequeños hay una actividad ideal que nos acompaña desde el inicio de los tiempos: leerles en voz alta, dramatizar en pequeña escala lo que les estamos contando, hacerles participar con preguntas sobre tal o cual personaje si ya tienen suficiente edad, jugar después a pensar qué podría haber pasado si cambiara un detalle del cuento, etc. Y ahí son los padres y madres, las familias, quienes tienen que tomar conciencia de ser los capitanes del barco lector en el que navegarán sus niños posteriormente.

Hay más protagonistas que pueden formar parte de la historia: abuelos, primos, hermanos, amigos, todos pueden ir remando hacia el hábito lector y hacer paradas en la propia biblioteca de casa, en la del colegio, en la municipal y también en las librerías. Cuando el niño nos acompaña y nos ve ojear y hojear libros, aspirar ese aroma que desprende el papel, observar portadas, lomos, colores, anuncios de nuevas ediciones, sentirá que ese mundo al que sus padres pertenecen es también el suyo. No será necesario que leer se convierta en una tarea escolar gravosa, obligada y dura. Al contrario, fluirá lenta pero incansablemente su espíritu lector. Podemos, incluso, dejar que ellos elijan sus propios libros al principio, indicándoles muy suavemente alguna pista que no les obligue, sino que les haga decidir por sí mismos. Llegarán, sin duda, a su propio criterio lector personal. Leer es un excelente pasaporte hacia el futuro.