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domingo, 2 de marzo de 2025

Godspell & Superstar. Musicales en el recuerdo.

 Godspell & Superstar. Seguro que os suenan ambos musicales tanto en los escenarios como en las pantallas. Curiosamente ambos me traen muy buenos recuerdos envueltos en el trajín de un viaje de fin de COU en tiempos ya muy pretéritos. Dedico, con todo el cariño de tanto compartido, está remembranza a mis compañeros y compañeras de la XVII promoción marista de Jaén que, por cierto, estamos a punto de celebrar los 50 años, Bodas de Oro, de nuestro paso por el Colegio.

Os dejo el texto que apareció ayer en las páginas de DIARIO JAÉN.



GOSPELL & SUPERSTAR.
Corre ahora, en gira, el musical Godspell de la mano de Antonio Banderas y Emilio Aragón. No parece que sea Jaén una de las plazas en las que esté prevista su actuación, pero, echando mano de la memoria “escolar” resulta que en un festival de fin de curso en nuestro Colegio Marista sí que pudimos disfrutarlo los intrépidos alumnos -y, por primera vez, alumnas- del momento en que la década de los setenta llegaba a su “intermedio”. En mitad de la bruma del recuerdo veo de nuevo a Juan del Arco entonando las canciones de esa especie de manifiesto hippie en aras de un Dios al que tratar de tú a tú como compañero de aventuras. Ese “Id preparando el camino al Señor”, entonces “Prepare ye the way of the Lord” vuelve una y otra vez a mis oídos y retomo las mil y una ocasiones en que la casete con la Banda sonora original del estreno en el Off-Broadway o en Londres -ya no estoy seguro- pasó por aquel reproductor “en bandolera” que me permitía asomarme a escenarios solo soñados. Esa cinta, adquirida en un recordado viaje de fin de curso, allende COU, me ha acompañado hasta que los soportes magnéticos dejaron de existir. De vez en cuando, y más ahora que vuelve a estar vigente, busco en YouTube las canciones y las imágenes de Godspell mientras me doy cuenta de que recuerdo las letras incluso en aquel inglés chapurreado que apenas mejoró con los años… “Day by day, Oh Dear Lord, three things I pray to see thee more clearly” Y sí, día tras día, ese “lord” era, incluso sin especial sentimiento religioso al uso, “the light of the world” y había que cantarle/pedirle con especial énfasis que nos salvase aun sin saber bien de qué o de quiénes. “When wilt thou save the people? Not kings and lords, but nations, not thrones and crowns, but men…” Cosas de una edad casi olvidada en el curso nebuloso del universo.
Al poco tiempo, ya en el tranquilo respiro frente al televisor, Godspell se hizo pantalla y ese espíritu de libertad mojada por los parques se transmutó en algarabía, más si cabe. Una película en la que, con sorpresa, descubres que todo tiene que ver con el Evangelio de Mateo, pero revestido de una pátina neoyorkina y un vestuario de clown circense. Seguían corriendo los años 70 y que el actor que interpretaba a Juan el Bautista también se enfundara del papel de Judas no era especialmente llamativo por aquel entonces. Ahora las imágenes se hacen “carne” mientras suena de nuevo la B.S.O. y renacen las liras en los sauces “On the willows, there We hung up our lyres” mientras soñamos -y sabemos- que somos capaces de todo lo que nos proponemos: “We're not afraid of voicing All the things We're dreaming of hh, high and low, and everywhere we go we can build a beautiful city. Yes we can”.
Pero aquel viaje nos guardaba todavía otra sorpresa, y esta con todos los lujos posibles, pantalla super TODD-AO, sonido “superestereofónico” y esa inquietud de asistir a la proyección de una película en cierto modo -y para aquel momento- maldita y merecedora de billete para el infierno. Pero ante la sugerencia de nuestro insigne “Hermano Ignacio” allí que nos fuimos algunos en comandilla con tan mala suerte que solo quedaban entradas en la primera fila. Era el Palafox, creo recordar, y semejante pantalla curva gigantesca, que parecía envolverte, vista con el cuello en 90 grados y apoyado en la parte superior de la butaca ya fue en sí misma un espectáculo inolvidable. Y, en efecto, la proyección transcurrió con nuestra atención yendo de izquierda a derecha y viceversa mientras las arenas del desierto parecían salpicarnos y las lanzas de la soldadesca se dirían a punto de atravesarnos. Una experiencia que nunca se ha vuelto a repetir.
La banda sonora, al igual que la de Godspell acabó en la mochila para su posterior y calmado disfrute. Esta vez en un coqueto estuche con dos casetes y un libretillo que, de tanto ojearse -y hojearse- quedó reducido pronto a ese polvo eterno que nos aguarda.
Como eran tiempo de no demasiada disponibilidad en todos los aspectos, nunca pude asistir al musical con Camilo Sesto pero sí, milenios después, en el Infanta Leonor, a la representación de Jesucristo Superstar con Miquel Fernández e Ignasi Vidal como Jesús y Judas. Creo recordar que era en 2007. En una de las canciones, volvemos a esas letras que nunca se olvidan, se decía… “Cuéntanos, dinos lo que va a pasar. ¿Por qué queréis saber? Olvidaros del futuro, no penséis en más allá. Ved en mí sólo el presente. El mañana ya vendrá”. Y también… “Basta ya de angustias, deja los problemas, olvida las penas. Yo sé que nada va a pasar. Todo estará en paz”. Ideas que reconfortan cuando se escuchan en esa edad que antes mencionaba, que dejan pasar las inquietudes por el futuro que se ve acercarse y para el que se necesitan pautas y llaves para accionarlo y hacerse con él. En cierto modo aquellos compases de Godpsell y de Superstar fueron parte de ese aprendizaje que nos hizo crecer. “Todos tenemos algo por lo que estar vivos” se canta en Godpsell y así es. Se cerró el telón del Salón de Actos de Maristas en los setenta, se apagó la luz de la pantalla del Palafox y fuimos saliendo del Infanta Leonor, pero la música, el espíritu, la idea, el sentido, el acorde, esa ligera presión cerca del corazón o incrustada en la retina nos acompañaron, nos acompañan y vuelven una y otra vez como en una gira perenne para la que siempre tenemos las mejores localidades frente al escenario. Gracias, Antonio Banderas, Emilio Aragón, Ted Neeley, Norman Jewison, Juan del Arco, Miquel Fernández, Jaime Azpilicueta, Andrew Lloyd Webber, Camilo Sesto, John-Michael Tebelak, Stephen Schwartz… y tantos otros. Sin olvidar al Hermano marista Ignacio Polón que nos impulsó al cine y a aquella muchachada del primer COU mixto de la historia del colegio. Ahora todos podríamos cantar aquello de… “¿Where are you going? ¿Can you take me with you? For my hand is cold and needs warmth” (¿A dónde vas? ¿Puedes llevarme contigo? Porque mi mano está fría y necesita calor.) “Let me skip the road with you. I can dare myself” (Déjame hacer el camino contigo. Puedo atreverme…)
Y el camino frente al que nacíamos de nuevo, se abrió. Y por él circulamos. ¿No escuchas la música de fondo?

viernes, 28 de febrero de 2025

DESENMASCARA LAS "RARAS" (EN EL DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS)

 Hoy, 28 de febrero, se celebra el DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS y ahí me tenéis brindando con el cóctel de pastillejas al que mi "amiga" MIASTENIA GRAVIS me ha hecho aficionarme.




Este año el lema es DESENMASCARA A LAS "RARAS". Os dejo unas reflexiones al respecto.
Desenmascara “las Raras”
Dicen que al encontrarnos con el adjetivo “raro” nuestra mente emite ciertas señales que nos hacen detenernos, como en aquella nave Nostromo del film Alien (1979). Luego, dependiendo de cada uno, la reflexión llevará a algunos a comprometerse, a luchar, o bien, seguramente por falta de información al respecto, a dejar pasar el momento y mover la cabeza con aire de pasiva compasión.
En el terreno de la salud, lo raro afecta a más de veinticinco millones de personas en Europa (alrededor de tres millones en España), por lo que quizá deberíamos replantearnos el término. Afectan a menos de 5 de cada 10.000 personas y son casi siete mil esas “raras” que, para colmo, aumentan en una peligrosa progresión de más de cinco al día. ¿De verdad hablamos de algo “raro”?
Hay personas que caminan junto a nosotros por la calle e ignoran que son portadores de una de esas enfermedades. Hay personal sanitario que ignora en muchas ocasiones las características de las mismas y ello conlleva errores de diagnóstico en un elevado porcentaje que, afortunadamente, va disminuyendo, pero no a la velocidad deseada. Hay grandes farmacéuticas que ignoran ciertas investigaciones para nuestras enfermedades ya que no les son rentables económicamente.
Si miramos las estadísticas parece que TODOS somos RAROS en una u otra medida. Sí, ya sabemos que la rara es la enfermedad, pero… ¿qué cambia eso en nuestra percepción del mundo? Ser raro conlleva otra característica esencial: Ser ÚNICO. Ser DIFERENTE. Y por ello necesitamos que se nos apoye, se destinen recursos para desarrollar nuevos fármacos, se investiguen los procesos neurológicos que, generalmente, las producen y se nos oferten ayudas públicas que eviten los efectos de ese más del sesenta y cinco por ciento de casos en que lo raro deviene en invalidante. ¿No tenemos el mismo derecho que los demás a llevar una vida plena, integrada, sencilla y normalizada? Queremos disfrutar de una calidad de vida adecuada. Queremos que se nos respete, se nos informe, se nos tenga en cuenta como seres únicos y diferentes que somos.
A la luz de ciertos eventos, esperemos que no puntuales, una estrella mediática, un político, una personalidad relevante alzan su voz. Se crean años dedicados a las enfermedades raras, maratones de espectáculo televisivo, call center dispuestos a recaudar ayudas de personas de a pie, se publican especiales de prensa…Todo parece florecer y las ilusiones se impulsan, se enervan y nacen sonrisas de esperanza. Sin embargo, cuando los focos se apartan, el famoso cobra su caché y los medios tienen ya otras noticias a las que atender, se corre el peligro de que la esperanza se torne espejismo, que lo que iba a ser un impulso sea solo un empujón sin mayor trascendencia. La lucha no puede detenerse cuando el telón del fasto cae y se apaga el aplauso. Tenemos que seguir. Por nosotros. Por los demás. Por los que sufren sin saber qué les sucede. Por los que sufren al saber su diagnóstico. Por aquel que ignora lo que le sucede y que puedes ser tú, amigo lector.
Empezábamos hablando de Alien. Quizá nuestra lucha se parezca en cierto modo a la de la tripulación de aquella nave vagando por el espacio. “Nadie puede oír tus gritos”, decía la publicidad. Esperemos que nosotros, con nuestro empeño, consigamos no estar solos y hacer que nuestra voz se oiga por el mundo. Un mundo que también es único y que tiene que contar con nosotros.
Hoy, 28 de febrero, celebramos el DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS. Lee la prensa, ve la televisión… Todos te lo dirán de forma machacona. Pero no lo olvides, lo importante, como siempre, empieza mañana. Apóyanos. Tú también eres raro. Y único. Así que… “desenmascara “las raras” como dice la campaña de este año de FEDER.

lunes, 13 de enero de 2025

Utópicos colmillos.

 Mi columna de Opinión en DIARIO JAÉN el sábado 11 de enero. Os la dejo.




Utópicos colmillos
La conjunción astral, conjurada por ese cometa que, milenios atrás, nos visitó publicitando la Navidad, me ha enfrentado sin apenas respiro a unos toques de atención que, resumidos en dos, me han dejado rozando eso tan evanescente que hemos dado en llamar Utopía.
Las entradas enciclopédicas hablan del concepto como representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano y la oponen a distopía que resulta ser esa misma representación, pero con carga negativa y su correspondiente alienación.
El primer “trance” que me ha sobrevenido parte de nuestro paisano Emilio Lara y su próximo libro. Se llama “Los colmillos del cielo” y como subtítulo lleva “Utopías y desengaños de la historia”. Ya tenemos el primer “encontronazo”. ¿No debería ser la utopía una especie de antónimo de desengaño? La historia nos demuestra que no, que somos una especie dada al retorcimiento, a la cerrazón ideológica, al olvido interesado cuando no intencionado y a la lucha fratricida disimulada con supuestas y emotivas causas repletas de falsaria empatía.
Los siglos y su devenir nos han ido regalando momentos de euforia, de libertad gritada y, en muchas ocasiones, bañada en sangre, de empujones disfrazados de leyes, de discursos vacuos y en ocasiones malintencionados, de gargantas fieras dadas a la manipulación de plebes inocentes, de fogonazos que, en lugar de encender apagan con armas y celdas. Todavía no he podido disfrutar del libro de Emilio Lara, pero creo entender que por ahí van los “tiros” y nunca mejor aplicada esa expresión por esas innumerables utopías buscadas y que han acabado como cantaba Luis Pastor en época de cantautores: “Abrígate bien, no vayas a pillar alguna bala en los pulmones”.
Hay tantas ocasiones en nuestro pasado que podríamos reunir bajo ese título de Emilio Lara que posiblemente él haya tenido que resumir, expurgar y seleccionar mucho para no excederse de un número de páginas “razonable”. Estaré al acecho para comprobarlo y felicitarle a buen seguro por su elección de esos momentos en los que el utópico deseo sucumbió ante el colmillo feroz de la historia. Las utopías “favorecedoras” derivadas en “alienantes” están separadas por una línea exquisitamente indefinida.
Me resisto a enumerar todos los que puedo recordar, pero aprovecho ese segundo “trance” del que hablaba al principio para desgranar uno de ellos. En París, en el Museo Carnavalet, se acaba de inaugurar una exposición que los medios titulan “Utopías bajo la guillotina”. No tiene esa terrible Invención del doctor Guillotin forma de colmillo, pero sí que desgarra “al corte” músculos y huesos de aquellos que discrepan, osan levantar sus voces contra lo establecido o, sencillamente, delinquen en función del código aplicable.
Tras la Revolución Francesa, llegó el Tribunal Criminal Extraordinario o el Comité de Salvación Pública en el que el fervor revolucionario, de utópicas raíces, acabó en terror. ¿Y qué decir de la Revolución Rusa? Primero se entronizó, curiosamente, el término Socialismo utópico, anterior al marxismo, con Tomás Moro, Owen, Saint-Simon y otros pensadores que, obviamente, creyeron en la utopía como destino social. Todos conocemos que todo acabó con la dentellada de ese colmillo que acecha en la historia. La utopía, casi, devino en distopía.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Música Góspel en Navidad.

 Cuando Gospel también significa Navidad.


Dice la tradición, o al menos eso creemos, que la música Gospel es indisociable de lo que llamamos “voces negras” en relación a sus intérpretes más habituales. Obviamente es la imagen que asociamos a este tipo de manifestación artística, pero sería de muy estrecha altura de miras dejarnos llevar por ese tópico que, por supuesto, no es real en absoluto. Y para muestra un botón: el escenario del Teatro Darymelia se llenó, literalmente, con las magníficas voces del “Gospel Sounds Granada” acompañados por la Banda Sinfónica “Ciudad de Jaén”, dirigidos ambos, coro y banda, por Toni Villanueva.
Ya con los primeros acordes el público, que abarrotaba el aforo del teatro, vibró con las voces tanto solistas como del coro y acompañó con palmas el ritmo contagioso de las canciones incluso poniéndose en pie en algunas de ellas.
Por algunos instantes se diría que la música nos trasladó a una de las capillas neoyorkinas en las que es habitual escuchar gospel tanto en sus misas como en actuaciones de tipo más turístico. Manhattan, el Downtown de Brooklyn o Harlem se vislumbraron en el Darymelia transformado por un mágico momento en la Times Square Church, el Brooklyn Tabernacle, la Mount Neboh Baptist Church o la Bethel Gospel Assembly por nombrar solo algunos de esos templos de visita obligada cuando se llega a NY.
Además, con solo entornar los ojos, podíamos estar paseando por Central Park una mañana de domingo y escuchar en un rincón el Adult Praise Choir o cualquier otro grupo gospel. O, tal vez, reencontrarnos fuera de la pantalla a Whoopi Goldberg como una Deloris Van Cartier que nos encandile con el “I Will follow Him” de “Sister Act”.
La música gospel, como bien indicó Toni Villanueva, el director, sobrepasa lo meramente religioso para dejarnos frente a ese sentimiento de hermanad, de familia, de enternecedora amistad que, aun más en Navidad, nos permite gozar juntos de ese espíritu que la música enciende y el corazón aplaude.
Este “A Gospel Christmas Celebration” que llenó el Darymelia en sus dos funciones, terminó con un “Oh happy day” que representó realmente lo que el público sintió y disfrutó durante la representación.

sábado, 9 de noviembre de 2024

INSTALADOS EN EL VÉRTIGO

 MI columna de Opinión en DIARIO JAÉN, ayer viernes, nos dejaba frente a ese vértigo que nos hace formar parte de una historia a la que no siempre comprendemos ni apoyamos y en la que, sin embargo, estamos "instalados" sin que en ocasiones tomemos conciencia de ello. Gracias a ese gen perdido que nos hace humanos sí que hay momentos en que, sencillamente, lo somos.



Os la dejo:
INSTALADOS EN EL VÉRTIGO.
Pedro López Yera

Se diría que es una perogrullada pensar que vivimos inmersos en eso que llamamos “la Historia”, así con mayúscula, es decir, que estamos dentro de esa rueda en la que se suceden procesos, transformaciones o “adelantos” a los que no podemos sustraernos.

Sin embargo, tal y como afirmaba Leonardo Padura en un artículo reciente, tomar conciencia de ese lugar en la Historia no es algo que nos haya acompañado siempre a la Humanidad. Según su apreciación, no fue hasta finales del XVIII o principios del XIX cuando realmente nos topamos con esa sensación de estar en mitad de las transformaciones de la sociedad.

Nuestros ancestros, quizá por su esperanza de vida o por la lentitud del movimiento de los procesos históricos, vivían su parcela más o menos individual del tiempo que les tocó con muy pocos cambios. Quizá una guerra o algún desastre natural eran los acontecimientos más llamativos que podían sugerir nuevas opciones sociales. Sin embargo, ya en el XVIII, ciertos grupos humanos vivieron la creación de los Estados Unidos a partir de las antiguas colonias o, por citar un ejemplo casi universal, la Revolución Francesa que hizo tambalear los hasta entonces sólidos cimientos no solo del país y que en menos de cincuenta años atravesó todos los estamentos conocidos para instaurar nuevos horizontes. Alguien nacido unos años antes de 1789 pudo conocer el derrocamiento de la monarquía, la Convención, el Directorio, el Imperio, la Restauración y nuevos impulsos revolucionarios. Y todo ello tuvo que influir en su forma de verse dentro de esa explosión histórica de consecuencias imparables. Afirma Padura que, no solo aquellos ciudadanos adquirieron esa percepción del transcurso -en vivo- de la Historia, sino que también alcanzaron la noción de su responsabilidad social en relación con ese avance.

El tiempo, como bien sabemos, avanza a velocidades casi insoportables y es capaz de dejarnos aparcados a la orilla de la Historia sin que para ello tengamos que esforzarnos demasiado. La rapidez con la que se desarrollan los cambios actualmente a nuestro alrededor puede chocar con nuestra capacidad de comprensión y obligarnos a tratar de abrirnos hacia posibilidades que no habíamos considerado antes. Pensemos en España y echemos una mirada al pasado cercano. Una dictadura de muchos años devino en la Transición, ya con mayúscula también, y luego en una democracia consolidada. Un cambio que, en sus inicios, produjo dudas y sentimientos encontrados no por la nostalgia de lo ya terminado sino por la inquietud de lo que había de llegar. Y ahí estábamos, sabiéndonos en pequeña o gran medida como protagonistas, quizá en papeles secundarios, pero anclados con fuerza al impulso de avanzar.

Vivimos en la Historia y podemos sentirla, comentarla y aplicar el bálsamo de los errores asumidos para no repetirlos a pesar de que siempre existen quienes colocan obstáculos en uno y otro sentido. Alrededor nos rodearon grandes “titulares”: dos guerras mundiales que acabaron redistribuyendo fronteras y levantando muros y algo más allá, al este, vimos florecer el tiempo comunista en Rusia para luego verlo caer arrastrando a todos los satélites que le circundaban. Siguió otra paz cogida con alfileres a la que llamamos, para variar, “guerra fría” y a ella se le sumaron sin apenas intermedio otras en los Balcanes o revoluciones islámicas que todavía producen cierto escalofrío. Todo ha sucedido en un periodo tan corto que permite que la misma persona lo haya vivido todo. No podemos desprendernos, como nuestros antepasados, de la capa que nos hace ser y estar en un momento determinado ya que esos momentos, en la actualidad, son de tal magnitud que nos arrastran, nos recolocan o nos impulsan de modos inimaginables tiempo atrás.

Vivimos instalados en el vértigo de la Historia. Intuimos, ¿sufrimos?, cambios y dudamos sin nos llevarán en la dirección correcta o en la contraria. Quizá haya que buscar la respuesta en la Inteligencia artificial que es, ya, un nuevo vértigo al que controlar.

sábado, 2 de noviembre de 2024

La noche de don Juan (Tenorio)

 Mi columna en DIARIO JAÉN, ayer viernes 1 de noviembre, tenía un protagonista de excepción: Don Juan Tenorio.




La noche de Don Juan
Al caer la noche de difuntos hay un personaje que suele, o al menos, solía poblar las ondas radiofónicas, televisivas y, por supuesto, los escenarios. Es don Juan Tenorio, nacido de la pluma de José Zorrilla en 1844. Algo tiene el personaje de otras obras como “El burlador de Sevilla y convidado de piedra” atribuida a Tirso de Molina y también de la leyenda del propio Zorrilla, “El capitán Montoya”. A buen seguro recordamos a los personajes que acompañan a don Juan: don Luis Mejía, su rival; don Gonzalo de Ulloa, el comendador; don Diego Tenorio, su padre; doña Inés de Ulloa y Ciutti, Gastón, Buttarelli, Brígida, doña Ana de Pantoja, la abadesa o el Capitán Centellas entre otros.
Para ponerles cara a los personajes tenemos mucho donde elegir. Quizá los más recordados con Concha Velasco y Francisco Rabal en el Estudio 1 de RTVE de 1966 pero no fueron los únicos. Les siguieron Juan Diego y María José Goyanes, Carlos Larrañaga y Emma Cohen, Fernando Guillén y, de nuevo, María José Goyanes y Fermí Reixach y Nuria Gallardo por citar a los más relevantes que representaron, digamos, la versión clásica de la obra.
Pero en 1974, Antonio Mercero presentó una visión musical de la historia: se trataba de un casting para elegir a los personajes: Pedro Osinaga, Pepe Martín, Antonio Medina y José Vidal eran los aspirantes a don Juan, y para doña Inés se presentaban Agatha Lys, Carmen Maura y María Garralón. Este mediometraje fue nominado al Emmy y ganó la Rosa de Oro en Montreux. Hasta el “Un dos tres” dedicó una entrega al don Juan en 1991. Poco antes, una miniserie nos dejaba a José Coronado y Silvia Abascal como protagonistas de excepción.
Por aquel entonces Mercero volvía a las andadas, esta vez en la pantalla grande con “Don Juan, mi querido fantasma” con un reparto de lujo: Juan Luis Galiardo, María Barranco, "Saza", Loles León, Verónica Forqué, Luis Escobar y Rossy de Palma. El cine, ya en la época de las películas mudas, acogió al personaje en varias versiones y posteriormente nunca ha faltado alguna adaptación incluso en coproducción como “Los amores de Don Juan” en 1970 con Robert Hoffmann, Barbara Bouchet, Ira de Furstenberg, María Montez y Edwige Fenech. En 1976 pudimos ver “Viva (muera Don Juan)” una peculiar versión con Lorenzo Santamaria, Angela Molina, Paquita Rico o Massiel en su curioso reparto.
La Gran Vía madrileña acogió también hace unos años, en 2016, “Don Juan, un musical a sangre y fuego” al estilo Broadway con canciones de Antonio Calvo.
Actualmente tenemos estos días a Manuela Velasco, Carles Francino, Mario Gas, Joaquín Notario, Pepe Viyuela, Diana Palazón y Vicky Peña en el madrileño Centro Cultural Fernán Gómez y en el Teatro del Bulevar, la Salala Paca, una nueva versión del clásico a manos de nuestro dramaturgo “de cabecera” Tomás Afán, dirigida por Carmen Gámez y con Marcos Hita y Vivi Alcántara como cabezas de cartel.
El personaje de don Juan sigue vivo tras una larga historia que incluye, además de las pinceladas anteriores a Moliere, que lo presentó en París, a Goldoni que lo llevó a Venecia, a la ópera de la mano de Mozart, a Lord Byron en la Inglaterra de 1800, a Alejandro Dumas, a la primera película de ficción en América, al emperador Maximiliano que eligió la obra para el Teatro Nacional de México, a la Warner Brothers que inauguró el Vitaphone con el don Juan de John Barrymore, a Errol Flynn que lo interpretó en los años 40, al cómico Fernandel con Carmen Sevilla y Fernando Rey, a Brigitte Bardot en el 73 con su “Si Don Juan était une femme”, a Jonny Depp y Marlon Brando en “Don Juan de Marco” en los noventa o a José Saramago y su “Don Giovanni ou o dissoluto absolvido” entre otros muchos episodios de su paso por la cultura universal.
Don Juan, en efecto, vive. Y todavía le oigo respirar acalorado ayer mismo en el recoleto escenario de La Paca susurrando a doña Inés en el cuerpo y alma de Marcos Hita y Vivi Alcántara. Parece que los escucho de nuevo… ¿no es cierto, paloma mía, que están respirando amor?

jueves, 24 de octubre de 2024

Leer para entender (En defensa de los libros de texto)

 ¿Qué opinas sobre los libros de texto? ¿Crees que deben abandonarse en aras de la digitalización de la enseñanza? O tal vez, crees que son un instrumento imprescindible?

Por esas disyuntivas iba ayer, 24 de octubre, mi columna de Opinión en DIARIO JAÉN.
Os la dejo:
Leer para entender


Hubo un tiempo en que entrar a un aula conllevaba aspirar un dulzón aroma a libro, a lápiz, a goma MILÁN, a cuaderno recién estrenado. Olía también “a niño” entendido como esa unión entre colonia fresca rociada por la madre minutos antes de salir de casa, sudorcillo tras la “gimnasia” o algarabía de hormonas preadolescentes. Pero el perfume que mantengo en mi pituitaria de maestro añorante es el del libro impreso.

Últimamente los libros de texto han atravesado una época de denostación y desarraigo en aras de modernas tabletas, pantallas y hasta móviles. Todo digital, todo en proyectos investigativos, cooperativos o similares.  Este camino basado en la imagen carece de algo tan necesario como poder “tocar” el libro, algo que parece no tener importancia pero que, a juicio estudiosos del tema y muchos docentes, es realmente necesario.

A este respecto me llega la reseña del Libro “Apología del libro de texto” editado por Narcea. Lógicamente mis viejas neuronas “enseñantes” se han puesto a devorar las propuestas de su autor, Nuno Crato, nombre con reminiscencias de peplum clásico, y que ha sido ministro de Educación en la vecina Portugal. Revisando su currículo observo, con verdadero placer, que los resultados de la educación en su país ascendieron y mejoraron muy sensiblemente con sus planes de exigencia en materias básicas como Lengua y Matemáticas, algo que, confieso, he echado de menos en nuestro sistema en multitud de ocasiones y que he planteado en reuniones y artículos al respecto.

Para Crato, y cito textualmente, “hay que mantener los manuales escolares en papel porque son la plasmación de un plan de estudios con una exposición articulada, organizada y secuencial de los temas que sirve de hoja de ruta jerarquizada y objetiva para los profesores, para los alumnos e incluso para los padres” y continúa diciendo “los libros de texto son la introducción al mundo de la lectura inteligente, porque no solo se leen, sino que se leen para entender”.

Critica también el autor, y suscribo sus apreciaciones, el afán por incidir en que los alumnos son los que deben construir su propio aprendizaje y, por tanto, o consecuentemente, “eludir” los saberes básicos establecidos. Por otro lado, la tendencia que lleva a que los maestros produzcan los materiales educativos en el aula le parece, si se lleva al extremo, un modo de detraer la atención que la labor que debería prevalecer: la transmisión de conocimientos, actitudes y valores que impulsen al alumnado realmente en su crecimiento personal, intelectual y social.

El uso de pantallas y material digital ha de ser, en todo caso, complementario y puntual para fortalecer e implementar determinados aspectos del proceso educativo, pero no el foco principal, asegura Crato, en su disertación.

Otro problema añadido es la manipulación, por llamarlo de algún modo, que se produce en ciertos textos debido a implicaciones ideológicas o políticas no solo en cuanto a contenidos sino también a procesos y aplicaciones al aula. En Portugal, a este respecto, se aprobaron leyes que hacían más rigurosos los procesos de aprobación de libros de texto para evitarlo incluyendo evaluaciones periódicas. Quizá podríamos tomar nota y, en especial, recuperar la buena idea de usar los libros de texto como instrumento básico de la enseñanza.

 

viernes, 11 de octubre de 2024

Páginas vs. pantallas

 


Mi columna de Opinión en 


DIARIO JAÉN. Viernes 11 de octubre. 2024. ¡¡ Siempre con la lectura!!

Páginas vs. Pantallas.

Pedro A. López Yera

Sí, lo sabíamos. Tantos años de compartir aula con chicos y chicas nos ha permitido a los docentes, como en otros aspectos a las familias, desarrollar un especial sentido respecto a la lectura.

En estos momentos en los que la inmediatez del mensaje, de la noticia, de las redes predispuestas a olvidar medio segundo después lo que se ha leído, satisface encontrar estudios que aclaran que “los alumnos y alumnas que “consumen” libros, obras, de más de cien páginas llevan mucha ventaja en cuando a comprensión lectora”. En esta sociedad actual es necesario recordarlo.

Esa ventaja a la que aludíamos antes llega a ser equivalente a todo un curso académico. Si se manejan, leen, textos complejos se comprenden mejor los textos lineales. Y, no solo eso, se adquieren claves con las que extraer de forma más adecuada, válida y exitosa informaciones para las que se necesite combinar fuentes múltiples, incluso contradictorias. Pensemos en la dificultad de enfrentarse a cualquier dato relevante extraído de internet. La discrepancia entre lo buscado será directamente proporcional al número de fuentes consultadas. Y he ahí la necesidad de esa “Lectura” que abrirá las claves del propio conocimiento y, por tanto, de la construcción de un ciudadano crítico, conciliador y escudriñador entre realidades, hechos, y opiniones siempre interesadas.

¿Podemos conseguir los docentes en solitario despertar o, al menos, impulsar y favorecer ese afán lector? Obviamente, no. Las evidencias implican a las familias y al ambiente en que cada chaval de desarrolla. Hay estudios que indican que más del 20% de las habilidades lectoras y, por tanto, del “disfrute” lector provienen de factores medioambientales que engloban a su círculo familiar. Nunca nos cansaremos de proclamar a los cuatro vientos que ver leer a un padre, a una madre, a un hermano mayor, es, junto con el disponer en el hogar de un cierto número de libros o, en su defecto, promover el acceso a bibliotecas cercanas, es una de las mayores y mejores acciones con que “educar” a ese niño o niña que, tal vez, navega con más intensidad por pantallas que por páginas.

Leer no puede ser efecto de la obligación escolar, al menos no en toda su extensión. Sobre esa sugerencia lectora del aula ha de sobrevolar el propio interés y no solo en obras, digamos, literarias. Novelas, cuentos, libros divulgativos adecuados a la edad y, por supuesto, comics son escalones que, poco a poco, harán subir la propia personalidad y formar niveles de superación que influirán después, incluso, en la vida profesional.

Si los niños son pequeños hay una actividad ideal que nos acompaña desde el inicio de los tiempos: leerles en voz alta, dramatizar en pequeña escala lo que les estamos contando, hacerles participar con preguntas sobre tal o cual personaje si ya tienen suficiente edad, jugar después a pensar qué podría haber pasado si cambiara un detalle del cuento, etc. Y ahí son los padres y madres, las familias, quienes tienen que tomar conciencia de ser los capitanes del barco lector en el que navegarán sus niños posteriormente.

Hay más protagonistas que pueden formar parte de la historia: abuelos, primos, hermanos, amigos, todos pueden ir remando hacia el hábito lector y hacer paradas en la propia biblioteca de casa, en la del colegio, en la municipal y también en las librerías. Cuando el niño nos acompaña y nos ve ojear y hojear libros, aspirar ese aroma que desprende el papel, observar portadas, lomos, colores, anuncios de nuevas ediciones, sentirá que ese mundo al que sus padres pertenecen es también el suyo. No será necesario que leer se convierta en una tarea escolar gravosa, obligada y dura. Al contrario, fluirá lenta pero incansablemente su espíritu lector. Podemos, incluso, dejar que ellos elijan sus propios libros al principio, indicándoles muy suavemente alguna pista que no les obligue, sino que les haga decidir por sí mismos. Llegarán, sin duda, a su propio criterio lector personal. Leer es un excelente pasaporte hacia el futuro.

Olor a verso.


 ¿A qué huele el recuerdo? ¿Cuál es el perfume del poema? Las páginas del verso disponen de su propia fragancia, la de la poesía y la de ese tacto devenido en flor que alguien dejó apresada entre el verbo untuoso de Federico.

Entre Walt Whitman, la América junto al Hudson y el Son de los negros en Cuba están los pétalos del tiempo, fundidos en la huida de la orilla del cieno, como diría Lorca, camino de la bacanal de la naturaleza muerta que sobrevive siempre al soplo de la pluma del poeta.
Las flores son también versos. Ellas lo saben y se dejan acariciar por el calendario que las deja exhaustas con el solo aire que circula entre poemas escritos con la tinta transida que Federico exprime.
Y nosotros, los lectores, los que olfateamos flores, versos y poemas, quizá también lo seamos. Como me gusta siempre recordar, ya lo dijo Gil de Biedma: Pensé que quería ser poeta, pero en realidad lo que añoraba era ser poema…
Pues eso.

jueves, 10 de octubre de 2024

Un día nuevo. Un día más...

 

Sentir la hierba bajo tus pies, acariciarla con la mano, oler su frescura por primera vez es esa experiencia que deja los sentidos asombrados, los ojos muy abiertos, la pituitaria ansiosa de seguir descubriendo, la piel casi erizada no ya por la brisa sino por la nueva sensación del aire transparente, libre, que inunda los pulmones abriéndolos de una nueva forma, remodelándolos tras el tránsito de la ciudad.

Levantar la cabeza y descubrir que el horizonte es distinto a cada lado, mirar y no dejar de ver, escuchar el sonido de la naturaleza, sentirse libre casi por primera vez como ese aire, esa envoltura, nos regresara al plácido estado amniótico del que tanto nos costó “desaprender” para lanzarnos a la aventura de la vida.
Mancharse las manos de verde, olerlas, identificarlas como nuestras, agitarlas para mover la brisa… un día para no olvidar, para dejarlo incrustado entre las primeras neuronas despiertas que, poco a poco, despiertan a las demás para provocar ese aquelarre de autoafirmación, de sentirse una persona nueva aun sin saber identificar el concepto, pero sabiendo que avanzamos y que nada nos podrá detener.
Un día nuevo. Un día más.

miércoles, 9 de octubre de 2024

¡Canta, FLORENCE, canta!

 Mi pequeña crónica del estreno de FLORENCE FOSTER, LA PEOR CANTANTE DE ÓPERA DEL MUNDO, en Salala Paca. Con Amada Santos y Oliver Gil. (Publicado en DIARIO JAÉN el 8 de octubre de 2024)


¡Canta, Florence, Canta!

Pedro A. López Yera

 

Florence Foster Jenkins se ha reencarnado en nuestro Jaén y lo ha hecho en el magnífico trabajo actoral, de dramaturgia y de dirección de Amada Santos. Aquella ricachona neoyorkina de las primeras décadas del siglo pasado está, por mérito propio, en la historia del bel canto. Pero no por su precisión con las notas, su alto voltaje en cuanto a la interpretación ni su toque especial en cuanto a la recreación de las grandes obras del género. No. Se encuentra en esa “cumbre” solo por desafinar y transformarse en una especie de clown al que el público acudía con la carcajada dispuesta, la burla encarnizada y el desprecio cruel.

Ella, quizá enferma, quizá mal aconsejada, quizá autoconvencida de sus cualidades operísticas, escuchaba, no cabe duda, su voz de distinta manera a la que la percibían quienes la observaban desde el patio de butacas o en los discos que, sorpresivamente, llegó a grabar. Se dice que fue la sífilis contagiada por un marido “a la huida” o, ya jocosamente, por el accidente de taxi que se menciona en la obra, pero de una u otra forma Florence se autoconsideraba una cantante de exquisita categoría. Tampoco la relación con su padre parecía ayudar y ese es otro de los aspectos clave para entender que ella quisiera triunfar y plantarse frente a él con una carrera artística de renombre.

El renombre lo consiguió, sin duda. Pero el precio que pagó fue muy alto. Ese último concierto en el neoyorkino Carnegie Hall, horas que recoge la adaptación que se presentó en la Salala Paca, fue el detonante final. Las críticas demoledoras la hundieron de tal forma que ya nunca se recuperó.

No obstante, como bien subraya Amanda Santos en su libreto, el éxito tiene unas líneas muy evanescentes y más todavía si lo incardinamos con la propia felicidad. Oliver Gil, magistral también en su papel de Cosme McMoon, el pianista que trata de centrar a Florence en algunos momentos, se lo hace ver: ¿Has sido feliz cantando? Y sí, ella lo fue mientras duró su ilusión, su creencia en lo maravilloso, su ingenua visión de un mundo que no era tal y como ella lo percibía.

El montaje merece que mencionemos la música de Sitoh Ortega, el espacio escénico de Nati Kabuki y, como no, el vestuario de Lorena Calada que recrea con mimo el esperpéntico look con el que Florence gustaba de “pavonearse” en sus actuaciones.  Y en ese espacio que, por momentos pasa a ser el grandioso escenario del New York de 1944 y en otros una especie de camerino expandido más allá de lo físico para dejarnos entrar en el alma de Florence, y de Cosme, en ese recoleto rectángulo tras el telón rojo de Salala Paca, somos los espectadores los que reímos, pero también empatizamos con alguien que fue capaz de sobreponerse a todas las zancadillas, ajenas y personales, para cumplir un sueño.  Al final devino en pesadilla, pero mientras duró la hizo rozar la felicidad con las manos ya que no con sus agudos.

Cuando Oliver Gil, un impecable Cosme, nos invita a regar con claveles rojos a una exultante Amada Santos/Florence es realmente el ímpetu de empujarla en su ambición de triunfar lo que nos hizo lanzarle esas flores que, por otra parte, dan título a los “Clavelitos” que tanto le gustaba cantar en sus conciertos. Unas “performances” que siempre se desarrollaban en ambientes íntimos como los encuentros con sus “elegidos” en el Ritz-Carlton. Quizá la Florence de 76 años necesitaba el último empujón para la gloria y en el Carnegie lo encontró, aunque no como a ella le hubiese gustado.

Hasta esta nueva “encarnación” y salvo el exhaustivo documental que podemos ver en Netflix, la figura de Florence se nos aparecía con el rostro y gestualidad de Meryl Strepp acompañada por Hugh Grant en la gran -y pequeña- pantalla dirigidos por Stephen Frears pero ahora pasan a ser Amada y Oliver los rostros con que asociaremos esta historia de superación o de autoestima más allá de la realidad.

Esas alas con las que Florence gustaba de presentarse ante su público, amén de los constantes cambios de fastuosos y deslumbrantes vestuarios, son, quizá, la metáfora de su propia vida. Llegó a lo que siempre deseó a una edad, 41 años, habiendo dejado atrás una juventud en la que luchó por levantar la cabeza, la garganta y la música. Y voló libre por encima de los convencionalismos, de la realidad incluso. Desgraciadamente, como el viejo aforismo, más dura fue la caída. La lucha, no conseguida, de Oliver/Cosme por evitar que “la estrella” pudiera darse cuenta de las críticas demoledoras que cerraron su actuación dio ese giro de tuerca a una historia abocada no ya al fracaso sino al enfrentamiento cara a cara con lo que el público veía y escuchaba y la toma de conciencia de que no coincidía en absoluto con lo que supuestamente Florence les ofrecía.

En la obra, en un último esbozo final. Amada/Florence ironiza… “El médico de la sífilis me dijo que había quedado tocaba un poco del oído” Y ahí nos quedamos con la sonrisa congelada y ese pellizquito que nos sobrecoge viendo que el humor puede conseguir dar la vuelta a las circunstancias adversas. Florence podía tener mal el oído, el sentido de la afinación, incluso un poco desajustado algún “tornillito” allende las neuronas cantantes, pero de lo que sí disponía era de una tremenda fuerza de voluntad y de superación. Ella cantaba seriamente y el público respondía con carcajadas. -Son gente enviada por mis rivales, decía, gente sin sentido musical. Y seguía lanzando sus gorgoritos iracundos y desafinados, esos que para ella eran sonidos celestiales. Un cielo al que llegó unos meses después de aquel aciago día en el Carnegie Hall, quizá a lomos de sus inefables alas de plumas.

Florence/Amada y Cosme/Oliver acaban la obra abrazados bajo una luz de Luna que brilla entre las gasas que fueron telón, vestido, sueños…

La realidad asumida o no, siempre nos alcanza. Cae el telón, pero hay un aria que parece sonar en mitad de los aplausos… Seguro que proviene de su disco. Una grabación con un título que nos aturde sabiendo que es ella quien canta: “The Glory of the Human Voice”. Desde luego si no te das mérito y te publicitas tú misma, ¿quién va a hacerlo mejor?

 

 

 

martes, 8 de octubre de 2024

El teatro cercano. Las salas pequeñas.

Si algo distingue a las "salas pequeñas", las de los circuitos "off", las salas "B" de las oficiales, las grandes, las "de siempre" es la cercanía con los actores. Prácticamente les oyes respirar, puedes ver sus gestos, su sudor, el movimiento de sus manos, acaso distinguir algún detalle del vestuario o del atrezzo que se escaparía de otro modo.

Muchas veces he comentado en este "territorio virtual" nuestras escapadas a Madrid a disfrutar del teatro en vena. Y uno de nuestros destinos suelen ser los escenarios recoletos. Por citar algunos, la sala Lola Membrives del Lara, la Margarita Xirgu del Teatro Español, la Cuarta Pared, el Estudio 2 de Manuel Galiana, el Teatro del Barrio, la Sanpol, las salas de los Luchana o la Sala de la Princesa del María Guerrero por no hacer una lista demasiado prolija. Ahora, en la efervescente zona de nuestro Bulevar jaenero tenemos algo muy similar con el añadido de la historia que ha llevado hasta aquí a la Salala Paca. Si, el "Teatro del Bulevar". Ahí podemos sentir todo lo que conlleva extender la mano y la mirada y darse de bruces con la actriz, con el actor, con el foco que los acompaña, con el sonido de sus pasos sobre el escenario...
Ahí está el encanto del teatro que parece realizado para el espectador que lo disfruta pero como si todo fuera única y exclusivamente para él, para ella.
Compañías pequeñas, de la tierra o del universo teatral, se dan cita tras el telón rojo -como debe ser- y nos dejan atisbar sus almas mientras dan vida a mil y un personajes que nos van "pillando" en cada una de sus actuaciones.
El mural de la fachada ya da una pista. O muchas.
Gracias a Carmen Gámez y a Tomás Afán por dejarnos formar parte de lo que significa, de verdad, el teatro.
Seguiremos.