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lunes, 20 de enero de 2025

Isabelita y Juan. "Otro 47"

 Ayer, domingo, las páginas centrales de Diario JAËN rebosaron nostalgia de la "dura", la de aquella emigración que llenó de andaluces otras zonas de España, como Cataluña e incluso Francia o Alemania. Y los protagonistas eran de nuestra familia: Isabelita y Juan.



El título hace referencia a esa película, "El 47" que tantas nominaciones a los Goya ha conseguido y que se centra en gentes y lugares como los que transitaron nuestros familiares.
Os dejo el texto.
Isabelita y Juan… “otro 47”
Hay películas que están íntimamente ligadas a esa vida que nos atrapó, nos hizo crecer y saber apreciar lo que tuvimos, mucho o poco, conseguido literalmente con el sudor, el esfuerzo y el empeño personal y colectivo.
“El 47” es una de ellas. Podemos disfrutarla ahora y sopesar las catorce nominaciones a los Goya que reconocen la estampa de una época. Ese Torre Baró, barrio perdido que es el escenario de los desvelos de un grupo de extremeños abandonados por su tierra, en expresión del protagonista de la película, tiene, tuvo, muchas otras zonas aledañas en la Barcelona de los 50 y 60. Este pequeño recuerdo familiar es de una de ellas, Can Caralleu, y unos protagonistas, Isabelita y Juan, que levantaron su casa con sus propias manos, aunque ahora eso nos parezca una hazaña literaria y fuera de la realidad. Nos trasladamos primero a 1953 y ahí tenemos a Juan Moreno trabajando duro cada día de la semana y deslomándose además los sábados y domingos construyendo un hogar para su familia que seguía en tierras jaeneras, concretamente en Villargordo. Embarazada su esposa, Isabelita, de gemelos, esperaba la llamada oportuna para reunirse con él. Un episodio que recoge también otro film desgarrador, este de 1967, “La piel quemada”. Aquí son José y Juana quienes se enfrentan a planteamientos similares, el desarraigo, la añoranza y el trabajo de sol a sol.
Pero volvamos a Juan e Isabel. En una época en que la salud era otra de las asignaturas pendientes, los chavalines recién nacidos, Manuel y Juan, no pudieron soportar “la vida” y fallecieron sin que su padre pudiera siquiera conocerlos. Una espinita que nunca pudo olvidar Isabel y que la acompañó siempre hasta el punto de solicitar que, llegado el momento, los restos de “sus niños” la acompañaran en el sueño eterno. Y así se hizo en su memoria.
Ya sola emprendió el camino de aquella Barcelona que iba a ser su “tierra” durante muchos años sin olvidar a cada instante su pueblo y la familia que quedó aquí. No había sido ese el primer destino de Juan. Probó fortuna en Francia junto con José, su cuñado, pero regresó pronto a España. José, por el contrario, siguió buscando su futuro y el de los suyos y recaló en Alemania, en la región de Renania del Norte-Westfalia, en Bielefeld.
La casa, construida por Juan en un espacio casi idílico con vistas a la ciudad y al Tibidabo, acogió a Isabelita, la “señora Isabel” en terminología de entonces, sin comodidades no ya en el propio hogar sino alrededor. Al lugar no subían autobuses urbanos, ni siquiera taxis. Las calles seguían sin asfaltar y los servicios municipales brillaban por su ausencia. Un escenario que concuerda perfectamente con el presentado en “El 47”.
Establecimientos que jalonaban la ascensión eran el Merendero de “La Chata” o el Colmado de Sarriá donde había que aprovisionarse de alimentos y subirlos a peso hasta la casa. Era en el colmado donde se recibían las cartas y notificaciones ya que los carteros tampoco subían “a la montaña” como solía decirse. Incluso las barras de hielo para conservar los alimentos en aquellos primitivos frigoríficos había que subirlas a hombros. Situaciones que solo la juventud y el anhelo de un tiempo mejor podían solventar.
Sin hijos, su ilusión era recibir a la familia, en especial a sus cuñados José y Manuela, que en ocasiones se quedaron pequeñas temporadas en su casa. La visita de los padres de Isabel, Ángeles y Manuel, fue todo un acontecimiento que quedó para la historia familiar con la imagen que un fotógrafo ambulante tomó en plaza Cataluña rodeados de palomas.
Ana, su sobrina, quedaba en Jaén estudiando para “tener un futuro y no depender de nadie” en palabras de su padre, un apasionado defensor del trabajo y del esfuerzo para conseguir mejorar en la vida.
Ana, cuando los estudios lo permitían, también disfrutaba de sus tíos y de aquella Barcelona. En su recuerdo han quedado prendidas las primeras “visitas turísticas” guiadas por Isabel: el parque Güell, la Sagrada Familia -incluida subida peldaño a peldaño a la torre-, las Ramblas, la Plaza Cataluña, el Mercat de Sant Antoni, la plaza de España con su “Font Mágica”… ante aquella belleza nueva y desconocida para ella las dificultades para “subir” a Can Caralleu desaparecían y también para sus tíos, orgullosos de mostrarle su pequeño universo dentro de la gran urbe que les acogió en su momento. Pero no solo de tierra se alimentó su afán de descubrimiento. Las Golondrinas, en el puerto barcelonés bajo la atenta mirada de Colón, abrieron otra puerta por la que la brisa no solo removió los rizos de su cabellera, sino que continuó, renfe a través, en un vetusto cercanías por la costa: Pineda, Ocata, Arenys de Mar, Sant Feliu…
Alrededor todo seguía igual y, al volver, la caminata “vestida de ascensión” recordaba de nuevo lo olvidado del barrio, el esfuerzo de los emigrados desde sus pueblos en el sur, la lágrima de la añoranza, la desesperada petición de ser tenidos en cuenta y, como una voz clamando en el desierto, el arrullo del ladrido cariñoso del “gran” Boby, el pastor alemán que era como de la familia y que Isabel alimentó desde cachorrillo. La familia se construye donde está el hogar y aquella atalaya con Barcelona a los pies, más allá de la incomodidad y el desamparo, Juan y “la señora Isabel” desarrollaron su vida aun teniendo siempre presente a su familia del pueblo a la que siempre visitaban en verano o cuando era posible.
A veces, cuando Isabel subía desde el colmado o se sentaba a descansar en el merendero de La Chata, a los chavales de un equipo de futbol que entrenaban en los alrededores les volvía a dar el balón que se les escapaba y quizá echaba de menos, viéndolo jugar, a aquellos bebés, “sus gemelos” que apenas pudieron disfrutar de la vida y a los que nunca pudo olvidar.
No hubo un autobús 47 que les evitara las bajadas y, en especial, las subidas, no hubo visitas de gerifaltes municipales en busca de cumplir necesidades de los vecinos. Tampoco un Manolo Vital que, como en la pantalla, removiera corazones y conciencias, pero para Juan e Isabel aquella casa “de acogida” construida ladrillo a ladrillo siempre fue, precisamente eso, un hogar y cuando, en aras de un nuevo trabajo de él, tuvieron que dejarlo para trasladarse a Santa Coloma de Gramanet, una lágrima, distinta a la de la despedida del pueblo, recorrió la mejilla de Isabel impulsándola, impulsándoles a una nueva etapa que, muchos años después, acabaría con su regreso -ya jubilado Juan- a su añorado Jaén. Pero esa, claro está, es otra historia. Juan e Isabel descansan ya aquí, en su tierra añorada, pero siempre llevaron consigo aquella vista espléndida y abierta de Barcelona desde la terraza de la casa que construyeron y el aire que respiraron allí tantos años nunca salió del todo de sus pulmones.

lunes, 13 de enero de 2025

Utópicos colmillos.

 Mi columna de Opinión en DIARIO JAÉN el sábado 11 de enero. Os la dejo.




Utópicos colmillos
La conjunción astral, conjurada por ese cometa que, milenios atrás, nos visitó publicitando la Navidad, me ha enfrentado sin apenas respiro a unos toques de atención que, resumidos en dos, me han dejado rozando eso tan evanescente que hemos dado en llamar Utopía.
Las entradas enciclopédicas hablan del concepto como representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano y la oponen a distopía que resulta ser esa misma representación, pero con carga negativa y su correspondiente alienación.
El primer “trance” que me ha sobrevenido parte de nuestro paisano Emilio Lara y su próximo libro. Se llama “Los colmillos del cielo” y como subtítulo lleva “Utopías y desengaños de la historia”. Ya tenemos el primer “encontronazo”. ¿No debería ser la utopía una especie de antónimo de desengaño? La historia nos demuestra que no, que somos una especie dada al retorcimiento, a la cerrazón ideológica, al olvido interesado cuando no intencionado y a la lucha fratricida disimulada con supuestas y emotivas causas repletas de falsaria empatía.
Los siglos y su devenir nos han ido regalando momentos de euforia, de libertad gritada y, en muchas ocasiones, bañada en sangre, de empujones disfrazados de leyes, de discursos vacuos y en ocasiones malintencionados, de gargantas fieras dadas a la manipulación de plebes inocentes, de fogonazos que, en lugar de encender apagan con armas y celdas. Todavía no he podido disfrutar del libro de Emilio Lara, pero creo entender que por ahí van los “tiros” y nunca mejor aplicada esa expresión por esas innumerables utopías buscadas y que han acabado como cantaba Luis Pastor en época de cantautores: “Abrígate bien, no vayas a pillar alguna bala en los pulmones”.
Hay tantas ocasiones en nuestro pasado que podríamos reunir bajo ese título de Emilio Lara que posiblemente él haya tenido que resumir, expurgar y seleccionar mucho para no excederse de un número de páginas “razonable”. Estaré al acecho para comprobarlo y felicitarle a buen seguro por su elección de esos momentos en los que el utópico deseo sucumbió ante el colmillo feroz de la historia. Las utopías “favorecedoras” derivadas en “alienantes” están separadas por una línea exquisitamente indefinida.
Me resisto a enumerar todos los que puedo recordar, pero aprovecho ese segundo “trance” del que hablaba al principio para desgranar uno de ellos. En París, en el Museo Carnavalet, se acaba de inaugurar una exposición que los medios titulan “Utopías bajo la guillotina”. No tiene esa terrible Invención del doctor Guillotin forma de colmillo, pero sí que desgarra “al corte” músculos y huesos de aquellos que discrepan, osan levantar sus voces contra lo establecido o, sencillamente, delinquen en función del código aplicable.
Tras la Revolución Francesa, llegó el Tribunal Criminal Extraordinario o el Comité de Salvación Pública en el que el fervor revolucionario, de utópicas raíces, acabó en terror. ¿Y qué decir de la Revolución Rusa? Primero se entronizó, curiosamente, el término Socialismo utópico, anterior al marxismo, con Tomás Moro, Owen, Saint-Simon y otros pensadores que, obviamente, creyeron en la utopía como destino social. Todos conocemos que todo acabó con la dentellada de ese colmillo que acecha en la historia. La utopía, casi, devino en distopía.

sábado, 9 de noviembre de 2024

INSTALADOS EN EL VÉRTIGO

 MI columna de Opinión en DIARIO JAÉN, ayer viernes, nos dejaba frente a ese vértigo que nos hace formar parte de una historia a la que no siempre comprendemos ni apoyamos y en la que, sin embargo, estamos "instalados" sin que en ocasiones tomemos conciencia de ello. Gracias a ese gen perdido que nos hace humanos sí que hay momentos en que, sencillamente, lo somos.



Os la dejo:
INSTALADOS EN EL VÉRTIGO.
Pedro López Yera

Se diría que es una perogrullada pensar que vivimos inmersos en eso que llamamos “la Historia”, así con mayúscula, es decir, que estamos dentro de esa rueda en la que se suceden procesos, transformaciones o “adelantos” a los que no podemos sustraernos.

Sin embargo, tal y como afirmaba Leonardo Padura en un artículo reciente, tomar conciencia de ese lugar en la Historia no es algo que nos haya acompañado siempre a la Humanidad. Según su apreciación, no fue hasta finales del XVIII o principios del XIX cuando realmente nos topamos con esa sensación de estar en mitad de las transformaciones de la sociedad.

Nuestros ancestros, quizá por su esperanza de vida o por la lentitud del movimiento de los procesos históricos, vivían su parcela más o menos individual del tiempo que les tocó con muy pocos cambios. Quizá una guerra o algún desastre natural eran los acontecimientos más llamativos que podían sugerir nuevas opciones sociales. Sin embargo, ya en el XVIII, ciertos grupos humanos vivieron la creación de los Estados Unidos a partir de las antiguas colonias o, por citar un ejemplo casi universal, la Revolución Francesa que hizo tambalear los hasta entonces sólidos cimientos no solo del país y que en menos de cincuenta años atravesó todos los estamentos conocidos para instaurar nuevos horizontes. Alguien nacido unos años antes de 1789 pudo conocer el derrocamiento de la monarquía, la Convención, el Directorio, el Imperio, la Restauración y nuevos impulsos revolucionarios. Y todo ello tuvo que influir en su forma de verse dentro de esa explosión histórica de consecuencias imparables. Afirma Padura que, no solo aquellos ciudadanos adquirieron esa percepción del transcurso -en vivo- de la Historia, sino que también alcanzaron la noción de su responsabilidad social en relación con ese avance.

El tiempo, como bien sabemos, avanza a velocidades casi insoportables y es capaz de dejarnos aparcados a la orilla de la Historia sin que para ello tengamos que esforzarnos demasiado. La rapidez con la que se desarrollan los cambios actualmente a nuestro alrededor puede chocar con nuestra capacidad de comprensión y obligarnos a tratar de abrirnos hacia posibilidades que no habíamos considerado antes. Pensemos en España y echemos una mirada al pasado cercano. Una dictadura de muchos años devino en la Transición, ya con mayúscula también, y luego en una democracia consolidada. Un cambio que, en sus inicios, produjo dudas y sentimientos encontrados no por la nostalgia de lo ya terminado sino por la inquietud de lo que había de llegar. Y ahí estábamos, sabiéndonos en pequeña o gran medida como protagonistas, quizá en papeles secundarios, pero anclados con fuerza al impulso de avanzar.

Vivimos en la Historia y podemos sentirla, comentarla y aplicar el bálsamo de los errores asumidos para no repetirlos a pesar de que siempre existen quienes colocan obstáculos en uno y otro sentido. Alrededor nos rodearon grandes “titulares”: dos guerras mundiales que acabaron redistribuyendo fronteras y levantando muros y algo más allá, al este, vimos florecer el tiempo comunista en Rusia para luego verlo caer arrastrando a todos los satélites que le circundaban. Siguió otra paz cogida con alfileres a la que llamamos, para variar, “guerra fría” y a ella se le sumaron sin apenas intermedio otras en los Balcanes o revoluciones islámicas que todavía producen cierto escalofrío. Todo ha sucedido en un periodo tan corto que permite que la misma persona lo haya vivido todo. No podemos desprendernos, como nuestros antepasados, de la capa que nos hace ser y estar en un momento determinado ya que esos momentos, en la actualidad, son de tal magnitud que nos arrastran, nos recolocan o nos impulsan de modos inimaginables tiempo atrás.

Vivimos instalados en el vértigo de la Historia. Intuimos, ¿sufrimos?, cambios y dudamos sin nos llevarán en la dirección correcta o en la contraria. Quizá haya que buscar la respuesta en la Inteligencia artificial que es, ya, un nuevo vértigo al que controlar.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

"Paso al Noroeste" Un viaje a la comarca noroeste de Jaén. Una ruta histórica de rico patrimonio cultural.

 



Abróchense los cinturones, colóquense las mascarillas, respiren hondo y lancémonos como si nos dirigiera King Vidor hacia ese “Paso al Noroeste” que va a ser nuestra meta, aunque conviene recordar, como en el viejo adagio, que la verdadera meta es y será siempre el camino, el conocimiento y la interacción con las gentes que por él avanzan. Nos toparemos con grandes personajes de la historia y con aun mas grandes personas “de a pie”, trabajadores a la sombra del olivo milenario, de la cerámica enamorada de la mano y el corazón que la forma, gastrónomos de pro, defensores de la industria que, tal vez, agoniza a la espera de tiempos floridos, comerciantes de hatillo y mostrador, soñadores esforzados, jaeneros de alma altiva y luchadores con sangre y sudor mezclado con la lágrima pero con la sonrisa anclada en un merecido futuro al alcance de la mano.

Comenzamos. La ruta se abre camino por el sur. Jabalquinto, tierra alta que se mece sobre el altozano. Libre de encrucijadas, abierta a la historia. La senda solo conduce a su esencia. No es ave de paso sino destino final. Quizá una de las más desconocidas de la comarca a pesar de atesorar algún interesante guiño a los siglos pasados. Jabalquinto fue un enclave musulmán que controlaba y defendía el vado del Gualdalquivir. Su nombre se relaciona con la batalla de Quantix, que nos contó el Condestable Iranzo -que nos acompañará en muchos momentos del camino- y que acaeció por aquellos lares en 1009 terminando con la derrota de los musulmanes. Aun hoy se divisan los restos del castillo de Estiviel o Las Huelgas, cuyos muros, ajados por el viento de la historia nos llevan hasta Fernando III que lo conquistó allá por 1224. También este monarca aparecerá de nuevo en el sendero de este noroeste que nos espera. Otra parada imprescindible es el Palacio de los Benavides, hoy Ayuntamiento. Y no podemos abandonar el pueblo sin acordarnos de la llegada de Jorge Manrique al Palacio ya que una de sus hijas contrajo matrimonio con un hijo de Juan de Benavides, señor de Jabalquinto. Un soplo de brisa literaria que puede envolvernos paseando por las calles jabalquinteñas dándonos ese toque poético que tanto entusiasma al viajero. 

Avanzamos y divisamos Linares a la derecha y Bailén a la izquierda. Este último nos mece, de nuevo, en el campo de batalla: Baecula. Aquí vence Escipión a los cartagineses dando pie a la expansión romana en Hispania. Visitó la zona Alfonso VII en 1155 junto con otra de nuestras paradas, de la que hablaremos después: Baños de la Encina.  En el XV nos topamos - ¡helo aquí! - con el Condestable Iranzo que vivía ocasionalmente en el Castillo de Bailén desde el que organizaba cacerías e incluso corridas de toros. Pero hablar de batallas en Bailén es hacerlo de la que le ha dado fama universal. Las tropas de Napoleón, al mando de Dupont, fueron vencidas por vez primera y ello fue posible por el empuje de los generales Castaños y Reding, otro hito con que apuntalar la historia de este noroeste jaenero.

Imprescindible asentar en la mochila unas piezas de la exquisita alfarería de la ciudad, una cerámica de calidad cuyos hornos proyectan el calor de quienes miman la arcilla al compás de sus propios latidos.

Linares, encrucijada de caminos, se asienta sobre un pasado de esplendor minero ya desaparecido. Su nombre podría derivarse bien del “Luni arae” (Altar de la Luna) de los romanos o del “Linarum” latino. Curioso trenzado entre Luna y Lino, cielo y tierra, que da a la zona su peculiar tinte histórico como sucesora del afamado Cástulo, capital oretana.

Lamentablemente el tejido industrial asociado a la minería del plomo, plata y cobre se fue deshaciendo a lo largo de los últimos años incluyendo factorías de renombre como Santa Ana. El nombre de Land Rover Santana estuvo íntimamente ligado al transporte en el campo español durante décadas. La malhadada situación económica se ha cebado especialmente con Linares. Esperemos que, cuan ave fénix vuelva a ser lo que siempre fue como motor de la provincia.

Sobre Bailén y Linares aparece Guarromán. Quizá el peculiar nombre de esta población es lo que la hace aparecer en distintas webs -es la sede de la Asociación Internacional de Pueblos con Nombres Feos, Raros y Peculiares- pero eso no debería hacernos olvidar la belleza de su origen: Guadarromán, luego Guarromán, procede del árabe “Wadi-r-rumman”, que significa “el río de los granados”. Su sola mención ya nos llena de aromas indescriptiblemente sutiles, de emociones prendidas a la orilla del paso de los tiempos. La localidad fue fundada dentro del proyecto de colonización de Sierra Morena impulsado por Carlos III en 1767. Los primeros colonos fueron alemanes y belgas, aunque también franceses, italianos, austrohúngaros y suizos, además de familias catalanas, valencianas y gallegas. Hablaremos de este monarca y de sus planes de colonización en breve ya que toda la zona creció a su amparo.

Su situación, en el Camino Real entre Andalucía y Madrid, fue importante en cuanto a su desarrollo, impidiendo, por ejemplo, que en la ruta abundaran los salteadores y bandoleros. Y por esos senderos seguimos nuestro particular “Paso al Noroeste”. A aquellos protagonistas primigenios del film del que hemos tomado el título, Spencer Tracy, Robert Young, Walter Brennan o Lloyd Bridges podemos encontrarlos en la imaginación del viajero encarnando a los distintos monarcas, comendadores o colonos de la zona llenando la pantalla de una historia rica y efervescente que nos ha llevado a ser como somos. Guiños de la historia que se nos antojan balizas señalando futuros progresos.

Carboneros nos espera apenas a un tiro de piedra. De nuevo Carlos III, Olavide y su Fuero de Población son los artífices de esta localidad. Estamos en Sierra Morena y los olivos nos abrazan, si cabe, con más fuerza, con ese vigor que nos hace crecer a su sombra, y nos acompañan hasta nuestra nueva localización: La Carolina.

Ya su nombre nos da pie a pensar en el impulsor del Fuero de Población. En efecto, La Carolina debe su denominación a Carlos III, aunque en principio se llamó “La Peñuela” por un convento de carmelitas del lugar. La ciudad fue elegida como capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y se diseñó con ese estilo de “tablero de ajedrez” que permanece en el trazado de calles y plazas.

El plan de las nuevas poblaciones dio pie a la creación de cuarenta y cuatro pueblos y once ciudades. Su fin era, como dijimos antes, limpiar de bandidos los caminos, pero también, y especialmente, explotar adecuadamente la tierra, generar así riqueza y preparar el establecimiento de más de diez mil colonos extranjeros, (antes mencionamos su procedencia) asegurando la ruta Madrid-Cádiz que recogía la práctica totalidad del tráfico de mercancías del nuevo mundo.  Aunque el proceso comenzó con Fernando VI se asentó con Carlos III cambiando el original proyecto de contratar obreros alemanes y flamencos para América del Sur por la de traerlos a Sierra Morena a indicación de Olavide.

Acompañan a La Carolina otros núcleos cuya denominación vuelve de nuevo a colocarnos en las páginas de la Historia con mayúscula: Navas de Tolosa, La Fernandina y La Isabela. Estas dos últimas dejan bien a las claras su origen y de las Navas de Tolosa, en el entorno cercano de Santa Elena poco podemos decir que las crónicas no nos hayan detallado ya. La batalla que lleva ese nombre, acaecida en el fácilmente recordable 1212, enfrentó a tropas castellanas de Alfonso VIII de Castilla, aragonesas de Pedro II de Aragón, navarras de Sancho VII de Navarra y voluntarios del Reino de León y del Reino de Portugal contra el califa almohade Muhammad an-Nasir. El ejército cristiano, arropado por Inocencio III, participó en lo que podríamos denominar como cruzada hasta el punto de concederse indulgencias a los participantes. Su triunfo se considera el culmen del proceso de la Reconquista y desde ese momento se va produciendo paulatinamente el declive del dominio musulmán.

Caminamos ya por Despeñaperros y, al hilo de las Navas de Tolosa, hemos de dejar nuestros pasos en Santa Elena. De nuevo un nombre que tiene raíces inmersas en la historia y no solo por las curiosas pinturas rupestres que conserva, aunque en mal estado. Una iglesia dedicada a la emperatriz madre de Constantino, famosa por sus aportes a la iconografía cristiana, daría nombre a la población quedando Santa Elena como patrona y alcaldesa perpetua de la localidad.

Algo más a la derecha llegaremos a Aldeaquemada. Y en ella oiremos el rumor de la cascada de La Cimbarra entre jaras y encinas. Un lujo para los sentidos. También lo es, y muy especialmente, el imponente castillo de Baños de la Encina. Los baños hacen referencia a las muchas aguas subterráneas que recorren el territorio y la encina nos deja una leyenda en la que la Virgen María se apareció sobre este árbol. Curiosa conjunción de apelativos que se unen al de Burgalimar, nombre del castillo que ha hecho famosa a la localidad siendo considerado el más antiguo y mejor conservado de Europa, concretamente erigido en el siglo X. Una vez mas aparece en nuestro camino Fernando III que lo conquista en 1225 pasando a la Orden de Santiago. Por aquel entonces el pueblo pertenecía a Baeza. Solo en 1626 se “independiza” y obtiene el título de villa.

Nuestro compañero de viaje, el condestable Lucas de Iranzo, aparece de nuevo en relación con este castillo ya que, en 1458, en mitad de los enfrentamientos de los nobles castellanos, Enrique IV le cede la fortaleza al condestable, lo que no fue bien aceptado por la población La decisión provoca el rechazo y malestar de la población hasta que la situación se revierte años después.

Qué mejor lugar que este castillo para completar nuestro particular “paso al Noroeste”. Desde su atalaya divisamos no ya el paisaje sino el devenir de los siglos. También los hemos observado claros y diáfanos desde el altozano jabalquinteño, principio y fin de la ruta que nos ha emplazado a dejarnos los sentidos, las huellas y las miradas en estos bastiones de nuestra esencia. En la pausa, unas migas, unos andrajos con liebre, un remojón, unas gachas, la pipirrana, un guiso de venado o de conejo, unas aceitunas de cornezuelo o un hoyo -o canto- empapado de buen aceite de oliva virgen extra.

El viajero, atiborrado de buenas viandas para el cuerpo y de esencias históricas, culturales e instructivas para el alma, sigue su camino. Jaén y su extensa, rica, suculenta y diversa multiplicidad siempre tendrá algo nuevo que ofrecerle. La tierra, la luz, el verde amanecer de los olivos, el fiel sillar de la historia o, tal vez, el guiño emotivo de un futuro al alcance de la mano. Sin olvidar el sonido lejano del romance que alguien, tiempo ha, dejó entremezclarse con la brisa de los olivares…

 (Publicado en DIARIO JAÉN el 15 de diciembre de 2021)

 

 

martes, 25 de julio de 2017

PRESENTACIÓN DE LA MEDALLA DE NUESTRO PADRE JESUS DE JABALQUINTO (DIARIO JAÉN)


Palabras para el acto de presentación de la Medalla dedicada a NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO por DIARIO JAÉN.

Pedro A. López Yera.

JABALQUINTO. 24.07.2017.

Buenas noches.

Una medalla, amigos y amigas jabalquinteños, siempre ha formado parte de ese pequeño legado que nuestras madres y abuelas han ido atesorando a lo largo del tiempo y que han jalonado nuestra vida: desde la medallita que nos colocaron en el bautizo pasando por la de la primera comunión, ha sido una costumbre muy popular llevar al cuello o prendida en un broche la imagen de nuestro patrón o la de esa virgen a la que encomendar tal o cual actividad diaria en petición de ayuda o de simple compañía reconfortante.

Y eso ha sido así en la mayoría de las veces más allá incluso de ideologías. Una medalla es un guiño a la tradición, a lo que nuestros ancestros nos han aportado con su vida y su experiencia. Una manera de sentirnos seguros en mitad de la vorágine del día a día aunque en muchas ocasiones ni siquiera hayamos sido conscientes de ello.

Hoy, en este acto entrañable, DIARIO JAÉN nos deja una nueva medalla, otro tesoro que guardar o que lucir, al que elevar una plegaria o al que sentir a cada paso latiendo al unísono con nuestro pecho. Y no podía estar dedicada mas que a Nuestro Padre Jesús.

Una imagen que lleva en su nombre la palabra PADRE y que, además, se nos muestra con el posesivo NUESTRO delante, despierta especiales sentimientos. Un padre nos quiere, nos alimenta, nos empuja a vivir, nos muestra el camino que hemos de aprender a seguir, nos ilumina en tiempos complicados, nos alienta cuando el desánimo aparece, nos mira y en esa mirada lo comprendemos todo. Y todo eso nos inunda cuando le recreamos en nuestro interior, pero también cuando le vemos procesionar, majestuoso en su dolor, con la galanura propia de quien arrastra una misión inconmensurable. A su paso nos sabemos más humanos y, quizá, nos olvidamos de todo eso que nos hace desviarnos del camino sencillo y ofrecer nuestra mano, nuestro hombro, a quienes caminan con nosotros.


Escribí hace justamente ahora veinte años -en un pregón de feria- a Nuestro Padre Jesús unas palabras que decían:  “Nos miras y sentimos tu mirada, Jesús. Incluso somos capaces de escuchar tu voz con el oído del corazón. Nos hablas directamente a lo más hondo de nuestro ser. Tu manto parece ir acogiendo a los jabalquinteños a tu paso. Los reflejos dorados, como avecillas que se posan quedamente sobre el regio tejido, son como guiños a quienes te esperan; como íntima confirmación a todo lo que te pide cada corazón cuando pasas junto a él. Solo hay que mirarte para olvidarse de las pequeñas cargas, de esos roces, a menudo carentes de sentido, que nos enfrentan y sentir dentro un chasquido, una llamarada –la tuya- que nos permita salir indemnes y sonreír al porvenir”

Con esta promoción de DIARIO JAÉN muchos jabalquinteños y jabalquinteñas te llevarán ahora no solo en lo más íntimo de su pensamiento sino que también lucirán con orgullo tu imagen junto a su corazón.  Quizá resuenen en sus oídos versos como los que te dediqué hace ya algunos años:



Cuan triste te presentas

a quienes esperan ansiosos tu salida.

Dolor transido en la mirada,

rictus adormecido entre la barba.



Hablan tus ojos de paz y de perdón

mientras pétalos de sangre llenan tus mejillas.

Cansado gesto arrastras en tu trono

Cruz en ristre, ajena pesadilla.



Sé que me miras cuando pasas

y en mi memoria lees cuanto ella guarda.

Y por tanto sabes de mi confianza

en tu cobijo fiel, firme esperanza.



Tiene tu frente espinas coronadas

símbolo ruin de burlas ensañadas.

Cada gota que tu sangre riega

abono es de comprensión calmada,

de mutua confianza, de fe ciega.



 Fueron versos del comienzo de mi andadura con los chavales de este pueblo al que ya considero casi como mío. Veinticinco años de enseñar y aprender con quienes ahora ya son ciudadanos “de pro” y cuya presencia me hace sentir de nuevo como en casa, como en aquella aula que compartimos y de la que todos nos llevamos algo positivo, ellos y yo. Al menos eso espero y siempre he vivido confiado en ello.


A la inmensa alegría de volver a Jabalquinto se une el orgullo de presentar esta medalla que ofrece Diario Jaén a quien agradezco el honor de haber contado conmigo para este acto en el que, bajo la presencia intangible de Nuestro Padre Jesús, contamos con la entrañable compañía de los miembros de la hermandad, de mi buen amigo Antonio García, fiel intérprete de la historia local y compañero de docencia, de nuestro alcalde Pedro, alumno inolvidable, de Lucia Vasco, alumna en el recuerdo, de Juan Espejo, alma mater de nuestro periódico local, de José Márquez, director comercial de Caja Rural   y, por supuesto, de ustedes, jabalquinteños todos.

Que la mirada de Nuestro Padre Jesús, ahora también desde la medalla que Diario Jaén nos ofrece, nos permita dilucidar hacia dónde dirigir nuestros pasos con la ecuánime sensatez de quienes se saben dueños de su destino. Un porvenir que, a buen seguro, contará con las páginas de diario JAÉN para proclamar logros y metas conseguidas.


Para terminar, permitidme que vuelva de nuevo a uno de mis poemas aparecido en aquellos “Versos al hilo de la Historia” que el Ayuntamiento editó en su día y que me sirve ahora para despedirme hasta otra próxima ocasión aunque como decía Ruyard Kipling “Nunca se dice adiós del todo; estaré con vosotros junto al horizonte”.

El verso tiene como protagonistas, como no, a Nuestro Padre Jesús y a su madre, la Virgen de los Dolores y, como ya se habrán podido imaginar, su título es EL ABRAZO.

Como es bastante largo y no quiero cansarles, este es un pequeño resumen:


Es tu madre, señor, quien te saluda

Con profundo dolor, atormentada,

María de los Dolores que te abraza

Enjugando su lágrimas. Cansada.



En tu camino de sangre hacia la muerte

Ella aparece de dolor transida.

Cruza sus ojos contigo y desespera;

Pero ella es madre y la esperanza abriga.



Abrazo de viernes santo, sazonado

De gargantas de vítores repletas.

Brazos de madre e hijo que se funden

Mecidos al hilo sutil de las saetas.



Y en todos quienes han vivido

Este abrazo de amor tierno y divino

Brota un ardor de fe, enardecido,

Que ilumina por siempre su camino.



Y ya solo queda disfrutar de esta medalla que DIARIO JAÉN, haciendo honor una vez más a su eslogan MAS DE LO QUE LEES, nos ofrece para mayor gloria de nuestro patrón NUESTRO PADRE JESÚS. Que él nos ilumine a todos.

Muchas Gracias.

domingo, 12 de marzo de 2017

JAÉN, LA ATLÁNTIDA, LA DESIDIA Y EL OLVIDO.


JAÉN, LA ATLÁNTIDA, LA DESIDIA Y EL OLVIDO.

Hoy, dentro de ese pequeño –muy pequeño, casi diminuto- terremoto que las teorías de Georgeos Díaz-Montexano, experto en Atlantología y responsable del documental de National Geographic sobre Marroquíes Bajos, producido por James Cámeron, en el que defiende su teoría de que la Atlántida podría tener raíces en nuestro Bulevar de Jaén, el diario JAÉN, de la mano de Manuela Rosa Jaenes le dedica una amplia entrevista. Insiste en ella Georgeos en afirmar que este yacimiento es un lugar único en el mundo.
¿Cómo nos quedamos? Pues como jaeneros que somos, igual. Poco nos animan esos descubrimientos. Como tampoco nos anima o nos enerva que nos quiten conexiones ferroviarias, que el tranvía se oxide paulatinamente en su olvido culpable o que nuestros aceites se vean destronados por otros con más “mala idea” por decirlo de algún modo. En Jaén somos así. Ya se sabe.
Dice Georgeos que “de todos los poblados del Calcolítico hallados hasta la fecha del tipo de recintos circulares y fosos, Marroquíes Bajos es, de momento, el único donde se ha podido probar que se excavaron fosos de mayor profundidad que fueron preparados para contener agua” Y eso significa que “coinciden con los diseños urbanísticos de la civilización Atlántica —según vemos descrito en el Critias de Platón—, de tal forma que se alternaban con espacios inter-fosos como anillos de tierra sobre los que se asentaban viviendas y otro tipo de edificaciones. De todos los poblados de recintos y fosos, solo el de Marroquíes Bajos parece haber tenido un diseño circular concéntrico casi perfecto, como si hubiera sido trazado al compás. Exactamente eso es lo que se dice de la capital de Atlantis en el mismo texto del Critias o el Atlántico”.
Y ahora vas y lo cuentas. Claro que como es en Jaén donde se oye, pues que, nada, que por un oído... y por otro...
Otra apreciación del Sr. Díaz-Montexano que debería ponernos los pelos como escarpias: “Si esta ciudad Calcolítica de Marroquíes Bajos hubiera sido hallada bajo las aguas del Atlántico, cerca de Cádiz o Huelva, o incluso bajo las arenas o marismas de Doñana, al igual que sucedió con Troya, nadie dudaría hoy en día, ni siquiera en las Universidades de mayor prestigio, de que se trataría de la misma ciudad que inspiró la leyenda histórica de la Atlántida” . La zona de “Marroquíes Bajos sería una capital del interior de la llanura Bética, una ciudad hermana de la metrópolis de Atlantis que estaría en el Atlántico. Puede incluso que Marroquíes Bajos, o la Primigenia Jaén, fuera la capital de alguno de los diez reinos de la Atlántida que se describen en el Critias, aunque no podamos saber cuál de ellos exactamente”.
Ya con solo leer semejantes afirmaciones le dan a uno ganas de sentirse “atlante” y de darle un abrazo de oso al amigo Georgeos sin pararse mucho a rumiar algunos comentarios descalificatorios al respecto. Que haberlos, haylos. Continúa nuestro “ángel custodio de la historia” afirmando que... “pobre del político, funcionario, científico o arqueólogo que intente oponerse a lo que el pueblo está exigiendo, que el sitio de Marroquíes Bajos sea definitivamente salvado de la especulación urbanística moderna y, acto seguido, reconvertido en un verdadero bien socio-cultural en un legado que debe ser conservado y trasmitido a las nuevas generaciones, con independencia de que haya tenido que ver, o no, con las bases históricas que dieron origen a la leyenda de la Atlántida”
Todo ello, claro, lo afirma porque no nos conoce. No sabe de la desidia que nos atenaza, de la desgana con que observamos lo nuestro, de ese “mirar hacia otro lado” que nos caracteriza. Como bien afirma Juan Espejo en su crónica, el único elemento que nos ha permitido poder seguir observando esos restos es, sola y exclusivamente, la falta de “dineros” –típica expresión jaenera- con los que levantar y construir sobre ellos. Por una vez habrá que bendecir la denostada crisis si nos ha permitido, al menos por un tiempo, poder disfrutar de estos recuerdos de nuestro pasado remoto.
Los viejos atlantes giennenses se habrán removido en sus olvidadas tumbas mientras sueñan con feroces excavadoras que revienten su paz y su legado. Pero el peligro persiste. Necesitamos saber que nuestros hijos, nietos o descendientes podrán acercarse a su propia historia asomándose a este yacimiento y que no quedará sepultado entre anodinas construcciones que, desde luego, no perdurarán.
Yo quiero ser un descendiente de los atlantes. ¿Y tú?
(Por cierto, quiero agradecer a Georgeos Díaz-Montexano, su amable mensaje relativo a mi anterior publicación sobre el tema)

Jaén y la Atlántida.

LA ATLÁNTIDA ESTABA EN.... JAÉN.
Eso dicen, al menos, los de National Geographic en un documental producido por James Cameron, el de Titanic, basado en las investigaciones de Georgeos Díaz-Montexano. La reconstrucción de lo que sería la primitiva Jaén en lo que ahora conocemos con el Bulevar es verdaderamente fascinante. Se afirma en el documental que este yacimiento, este lugar, podría ser tan importante como las pirámides de Egipto. Sin embargo, como está en Jaén -un lugar perdido entre no se sabe qué pliegues de la historia y de... la geografía, lo que ha despertado en algunos miembros sesudos de la comunidad ¿científica? es que es..."una tontería". Desde luego, así nos va. Hoy se hacen eco de la noticia los periódicos locales como mi querido DIARIO JAÉN pero, seguramente, poco recorrido tendrá la historia ya que el terreno está a la espera de que pase la crisis para que se construya en él tapando y volviendo a esconder -cuando no a destruir- una importantísima parte de nuestra historia. Como ejemplo, en ese yacimiento se han encontrado más de 60.000 objetos de distintas épocas. Todo un lujo que Jaén no parece siquiera estar dispuesto a disfrutar ni a ofrecer a nuestros escasos visitantes. Una lástima.