jueves, 27 de marzo de 2025

Día del Teatro

 



Hoy es el Día del Teatro y ¿sabéis? me encanta sentarme en una butaca y disfrutar de lo que el escenario nos ofrece. A veces me río, otras me emociono y siempre el teatro me llena de una especie de energía que me hace pensar, discurrir, imaginar, ser yo mismo y ser otros. Me recuerda a la lectura curiosamente. El teatro me abre puertas y ventanas, ojos y neuronas, alegrías y hasta alguna lágrima. El teatro es como la vida como me decía uno de mis profes a quien le debo muchas de esas emociones que me embargan cuando se levanta el telón.

Un día, no hace mucho, me senté frente a unas hojas y empecé a escribir. Los personajes que imagino parece que me hablan y que ellos mismos se van colocando en las situaciones que pienso. El teatro, no me cabe duda, tiene magia y nos hace partícipes de ella a quienes lo disfrutamos, a quienes lo interpretan, a quienes lo escriben y dirigen y, en especial, a los que nos sentamos en esas butacas que son vehículos hacia la imaginación, hacia la vida...
¡¡Viva siempre el teatro!!

domingo, 2 de marzo de 2025

Godspell & Superstar. Musicales en el recuerdo.

 Godspell & Superstar. Seguro que os suenan ambos musicales tanto en los escenarios como en las pantallas. Curiosamente ambos me traen muy buenos recuerdos envueltos en el trajín de un viaje de fin de COU en tiempos ya muy pretéritos. Dedico, con todo el cariño de tanto compartido, está remembranza a mis compañeros y compañeras de la XVII promoción marista de Jaén que, por cierto, estamos a punto de celebrar los 50 años, Bodas de Oro, de nuestro paso por el Colegio.

Os dejo el texto que apareció ayer en las páginas de DIARIO JAÉN.



GOSPELL & SUPERSTAR.
Corre ahora, en gira, el musical Godspell de la mano de Antonio Banderas y Emilio Aragón. No parece que sea Jaén una de las plazas en las que esté prevista su actuación, pero, echando mano de la memoria “escolar” resulta que en un festival de fin de curso en nuestro Colegio Marista sí que pudimos disfrutarlo los intrépidos alumnos -y, por primera vez, alumnas- del momento en que la década de los setenta llegaba a su “intermedio”. En mitad de la bruma del recuerdo veo de nuevo a Juan del Arco entonando las canciones de esa especie de manifiesto hippie en aras de un Dios al que tratar de tú a tú como compañero de aventuras. Ese “Id preparando el camino al Señor”, entonces “Prepare ye the way of the Lord” vuelve una y otra vez a mis oídos y retomo las mil y una ocasiones en que la casete con la Banda sonora original del estreno en el Off-Broadway o en Londres -ya no estoy seguro- pasó por aquel reproductor “en bandolera” que me permitía asomarme a escenarios solo soñados. Esa cinta, adquirida en un recordado viaje de fin de curso, allende COU, me ha acompañado hasta que los soportes magnéticos dejaron de existir. De vez en cuando, y más ahora que vuelve a estar vigente, busco en YouTube las canciones y las imágenes de Godspell mientras me doy cuenta de que recuerdo las letras incluso en aquel inglés chapurreado que apenas mejoró con los años… “Day by day, Oh Dear Lord, three things I pray to see thee more clearly” Y sí, día tras día, ese “lord” era, incluso sin especial sentimiento religioso al uso, “the light of the world” y había que cantarle/pedirle con especial énfasis que nos salvase aun sin saber bien de qué o de quiénes. “When wilt thou save the people? Not kings and lords, but nations, not thrones and crowns, but men…” Cosas de una edad casi olvidada en el curso nebuloso del universo.
Al poco tiempo, ya en el tranquilo respiro frente al televisor, Godspell se hizo pantalla y ese espíritu de libertad mojada por los parques se transmutó en algarabía, más si cabe. Una película en la que, con sorpresa, descubres que todo tiene que ver con el Evangelio de Mateo, pero revestido de una pátina neoyorkina y un vestuario de clown circense. Seguían corriendo los años 70 y que el actor que interpretaba a Juan el Bautista también se enfundara del papel de Judas no era especialmente llamativo por aquel entonces. Ahora las imágenes se hacen “carne” mientras suena de nuevo la B.S.O. y renacen las liras en los sauces “On the willows, there We hung up our lyres” mientras soñamos -y sabemos- que somos capaces de todo lo que nos proponemos: “We're not afraid of voicing All the things We're dreaming of hh, high and low, and everywhere we go we can build a beautiful city. Yes we can”.
Pero aquel viaje nos guardaba todavía otra sorpresa, y esta con todos los lujos posibles, pantalla super TODD-AO, sonido “superestereofónico” y esa inquietud de asistir a la proyección de una película en cierto modo -y para aquel momento- maldita y merecedora de billete para el infierno. Pero ante la sugerencia de nuestro insigne “Hermano Ignacio” allí que nos fuimos algunos en comandilla con tan mala suerte que solo quedaban entradas en la primera fila. Era el Palafox, creo recordar, y semejante pantalla curva gigantesca, que parecía envolverte, vista con el cuello en 90 grados y apoyado en la parte superior de la butaca ya fue en sí misma un espectáculo inolvidable. Y, en efecto, la proyección transcurrió con nuestra atención yendo de izquierda a derecha y viceversa mientras las arenas del desierto parecían salpicarnos y las lanzas de la soldadesca se dirían a punto de atravesarnos. Una experiencia que nunca se ha vuelto a repetir.
La banda sonora, al igual que la de Godspell acabó en la mochila para su posterior y calmado disfrute. Esta vez en un coqueto estuche con dos casetes y un libretillo que, de tanto ojearse -y hojearse- quedó reducido pronto a ese polvo eterno que nos aguarda.
Como eran tiempo de no demasiada disponibilidad en todos los aspectos, nunca pude asistir al musical con Camilo Sesto pero sí, milenios después, en el Infanta Leonor, a la representación de Jesucristo Superstar con Miquel Fernández e Ignasi Vidal como Jesús y Judas. Creo recordar que era en 2007. En una de las canciones, volvemos a esas letras que nunca se olvidan, se decía… “Cuéntanos, dinos lo que va a pasar. ¿Por qué queréis saber? Olvidaros del futuro, no penséis en más allá. Ved en mí sólo el presente. El mañana ya vendrá”. Y también… “Basta ya de angustias, deja los problemas, olvida las penas. Yo sé que nada va a pasar. Todo estará en paz”. Ideas que reconfortan cuando se escuchan en esa edad que antes mencionaba, que dejan pasar las inquietudes por el futuro que se ve acercarse y para el que se necesitan pautas y llaves para accionarlo y hacerse con él. En cierto modo aquellos compases de Godpsell y de Superstar fueron parte de ese aprendizaje que nos hizo crecer. “Todos tenemos algo por lo que estar vivos” se canta en Godpsell y así es. Se cerró el telón del Salón de Actos de Maristas en los setenta, se apagó la luz de la pantalla del Palafox y fuimos saliendo del Infanta Leonor, pero la música, el espíritu, la idea, el sentido, el acorde, esa ligera presión cerca del corazón o incrustada en la retina nos acompañaron, nos acompañan y vuelven una y otra vez como en una gira perenne para la que siempre tenemos las mejores localidades frente al escenario. Gracias, Antonio Banderas, Emilio Aragón, Ted Neeley, Norman Jewison, Juan del Arco, Miquel Fernández, Jaime Azpilicueta, Andrew Lloyd Webber, Camilo Sesto, John-Michael Tebelak, Stephen Schwartz… y tantos otros. Sin olvidar al Hermano marista Ignacio Polón que nos impulsó al cine y a aquella muchachada del primer COU mixto de la historia del colegio. Ahora todos podríamos cantar aquello de… “¿Where are you going? ¿Can you take me with you? For my hand is cold and needs warmth” (¿A dónde vas? ¿Puedes llevarme contigo? Porque mi mano está fría y necesita calor.) “Let me skip the road with you. I can dare myself” (Déjame hacer el camino contigo. Puedo atreverme…)
Y el camino frente al que nacíamos de nuevo, se abrió. Y por él circulamos. ¿No escuchas la música de fondo?

viernes, 28 de febrero de 2025

DESENMASCARA LAS "RARAS" (EN EL DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS)

 Hoy, 28 de febrero, se celebra el DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS y ahí me tenéis brindando con el cóctel de pastillejas al que mi "amiga" MIASTENIA GRAVIS me ha hecho aficionarme.




Este año el lema es DESENMASCARA A LAS "RARAS". Os dejo unas reflexiones al respecto.
Desenmascara “las Raras”
Dicen que al encontrarnos con el adjetivo “raro” nuestra mente emite ciertas señales que nos hacen detenernos, como en aquella nave Nostromo del film Alien (1979). Luego, dependiendo de cada uno, la reflexión llevará a algunos a comprometerse, a luchar, o bien, seguramente por falta de información al respecto, a dejar pasar el momento y mover la cabeza con aire de pasiva compasión.
En el terreno de la salud, lo raro afecta a más de veinticinco millones de personas en Europa (alrededor de tres millones en España), por lo que quizá deberíamos replantearnos el término. Afectan a menos de 5 de cada 10.000 personas y son casi siete mil esas “raras” que, para colmo, aumentan en una peligrosa progresión de más de cinco al día. ¿De verdad hablamos de algo “raro”?
Hay personas que caminan junto a nosotros por la calle e ignoran que son portadores de una de esas enfermedades. Hay personal sanitario que ignora en muchas ocasiones las características de las mismas y ello conlleva errores de diagnóstico en un elevado porcentaje que, afortunadamente, va disminuyendo, pero no a la velocidad deseada. Hay grandes farmacéuticas que ignoran ciertas investigaciones para nuestras enfermedades ya que no les son rentables económicamente.
Si miramos las estadísticas parece que TODOS somos RAROS en una u otra medida. Sí, ya sabemos que la rara es la enfermedad, pero… ¿qué cambia eso en nuestra percepción del mundo? Ser raro conlleva otra característica esencial: Ser ÚNICO. Ser DIFERENTE. Y por ello necesitamos que se nos apoye, se destinen recursos para desarrollar nuevos fármacos, se investiguen los procesos neurológicos que, generalmente, las producen y se nos oferten ayudas públicas que eviten los efectos de ese más del sesenta y cinco por ciento de casos en que lo raro deviene en invalidante. ¿No tenemos el mismo derecho que los demás a llevar una vida plena, integrada, sencilla y normalizada? Queremos disfrutar de una calidad de vida adecuada. Queremos que se nos respete, se nos informe, se nos tenga en cuenta como seres únicos y diferentes que somos.
A la luz de ciertos eventos, esperemos que no puntuales, una estrella mediática, un político, una personalidad relevante alzan su voz. Se crean años dedicados a las enfermedades raras, maratones de espectáculo televisivo, call center dispuestos a recaudar ayudas de personas de a pie, se publican especiales de prensa…Todo parece florecer y las ilusiones se impulsan, se enervan y nacen sonrisas de esperanza. Sin embargo, cuando los focos se apartan, el famoso cobra su caché y los medios tienen ya otras noticias a las que atender, se corre el peligro de que la esperanza se torne espejismo, que lo que iba a ser un impulso sea solo un empujón sin mayor trascendencia. La lucha no puede detenerse cuando el telón del fasto cae y se apaga el aplauso. Tenemos que seguir. Por nosotros. Por los demás. Por los que sufren sin saber qué les sucede. Por los que sufren al saber su diagnóstico. Por aquel que ignora lo que le sucede y que puedes ser tú, amigo lector.
Empezábamos hablando de Alien. Quizá nuestra lucha se parezca en cierto modo a la de la tripulación de aquella nave vagando por el espacio. “Nadie puede oír tus gritos”, decía la publicidad. Esperemos que nosotros, con nuestro empeño, consigamos no estar solos y hacer que nuestra voz se oiga por el mundo. Un mundo que también es único y que tiene que contar con nosotros.
Hoy, 28 de febrero, celebramos el DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON ENFERMEDADES RARAS. Lee la prensa, ve la televisión… Todos te lo dirán de forma machacona. Pero no lo olvides, lo importante, como siempre, empieza mañana. Apóyanos. Tú también eres raro. Y único. Así que… “desenmascara “las raras” como dice la campaña de este año de FEDER.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Andrés de Vandelvira y sus sueños...

 



Heme aquí de nuevo. Ya me conocéis. El paso de los siglos no ha hecho sino acrecentar mi recuerdo. Si. soy Andrés de Vandelvira y mis "sueños" circulan entre vosotros con la misma potencia que cuando me despertaba ansioso por seguir trazando iglesias, catedrales, ermitas, palacios o puentes. Mis sueños, plasmados en pergaminos -no sé cómo llamáis a esos materiales en los que escribís- parecen salidos de mi boca, plasmados por mis manos y dictados por mi mente ya despierta por siempre.

Las tierras de Jaén e incluso aquella en la que vi la luz por vez primera han vuelto a dejarme pasear por ellas, a disfrutar de nuevo con sus paisajes, con el latido y el aliento de quienes me visitan, recuerdan y rememoran. Y por todo ello agradezco una y mil veces a quienes se dejaron abducir por mi espíritu. Dirigí la magistral mano de Juan Eduardo Latorre para dibujar mi legado y manejé las de Jesús Palomo, Paco Latorre y Pedro López (que supieron captar la entonación propia de mi susurro, el meloso discurrir de mis ensoñaciones y la luz que siempre quise transmitir con cada uno de mis trabajos. También iluminé -ya que hablamos de luz- a quien diseñó esos "pergaminos" de los que os comentaba antes, Juan Carlos Quesada y, como no, a quien supo representarme ante vosotros como nunca nadie había conseguido antes, el simpar Eduardo Duro He perdido ya la cuenta de los muchos pueblos y ciudades por los que me habéis paseado y sé que quedan muchos más. Mi sueño eterno se siente complacido por vuestra aportación a la historia, al arte y, también, a mi propia existencia que habéis elevado a la categoría, casi, de universal.
Gracias, GRUPO VANDELVIRA, A VOSOTROS Y A TODOS LOS QUE SE HAN ACERCADO A "SALUDARME" EN CADA UNA DE LAS EXPOSICIONES. OS veo desde mi palco celeste y os aplaudo, al igual que vosotros aplaudís mi obra. Aquí en las alturas se habla mucho de vuestras actividades y, a buen seguro, se os tendrán en cuenta. Lo sé. Seguid, amigos, amigas, mis sueños os acompañan...

lunes, 10 de febrero de 2025

"A Caperucita no le gusta el final" En el centenario de CARMEN MARTÍN GAITE.

 Mi artículo dominical en DIARIO JAÉN.

“A Caperucita no le gusta el final”

En el centenario de Carmen Martín Gaite.

Pedro A. López Yera

 


Una frase de Carmen Martín Gaite en “Caperucita en Manhattan” deja caer que “a fuerza de no contar las cosas, la memoria se oxida”. Y lo afirma en relación con la historia de Gloria Star, en realidad, Rebeca Little, la abuela de la protagonista, Sara Allen. Quizá como fruto de esa afirmación me vuelvo a ver en Manhattan, hace unos años, paseando por Brooklyn y fijando mi mirada, quizá por deformación profesional, en los niños con los que nos cruzábamos. En un momento, un flash perdido en la memoria, una chavalilla pecosa me recordó a esa Sara que había descubierto en el libro. No había vuelto a recrear aquella escena hasta este tiempo en que los medios me recuerdan que 2025 es el “año de Carmen Martín Gaite” ya que es el centenario de su nacimiento y el cuarto de siglo desde que nos dejó allende el cambio de milenio.

Decía Machado, por boca de Juan de Mairena, que “pensar es deambular de calle en calle, de calleja en callejón, hasta dar con un callejón sin salida” y Carmen eligió esa cita como introducción a su “Ritmo lento”. Y con esa cadencia vuelvo una y otra vez, en un íntimo ejercicio de memoria, a recorrer aquel Brooklyn en que me miré en los ojillos esquivos -que no se percataron de mi paso- de aquella supuesta Sara, aquella caperucita que, con mirada de sueño interrumpido, correteaba frente a mi quizá haciendo real otra de las afirmaciones de la autora: “cuando la estatua de la Libertad cierra los ojos, les pasa a los niños sin sueño de Brooklyn la antorcha de su vigilia”. Quizá Sara no había dormido bien aquella noche o, probablemente, era mi imagen literaria la que proyecté en ella, pero allí estaba en mitad de ese Nueva York atrayente, cinematográficamente dispuesto a engullirnos y dispuesto a dejar una huella indeleble entrelazada en la neurona viajera que todo lo atesora.

Carmen Martín Gaite atesoraba algo más que recuerdos, amaba la libertad con todas y cada una de sus facetas, inmiscuyendo las unas con las otras en un maremágnum nacido de la influencia de sus padres con libros, independencia e igualdad. ¿Qué podría florecer de ese germen?  Lógicamente un espíritu libre, una “chica rara” por usar una añeja denominación que circulaba por aquella España oscura que, sin embargo, disponía de luces intermitentes que iluminaban la bohemia, las tertulias literarias y los avances de un futuro que quizá, solo quizá, se sospechaba como más o menos inminente.

Y era escribiendo como Carmen, Carmiña, se dejaba fluir. No me resisto a reproducir una de sus ideas al respecto: “si pudiéramos hablar bien con toda la gente que queremos, tal como queremos, con tiempo para disfrutar de ello en un plazo narrativo, en una pausa segura para ser escuchados y escuchar, quizá no escribiríamos”. Es decir, la escritura era para ella ese escalón en el que ascender o descansar, abrirse o dejar entrar en lo íntimo, en lo ofrecido a los demás… “Escribir es como coser, las puntadas son las palabras” y esas palabras florecieron “Entre visillos”, “Lo raro es vivir”, “Las ataduras”, “El cuarto de atrás”, “El cuento de nunca acabar”, “Nubosidad variable”, “Irse de casa” o “Usos amorosos de la postguerra española”. De este último libro, un exhaustivo compendio de las costumbres del momento, recojo esta anécdota que la autora incluye en el libro: “En mi juventud oí contar, dándolo, por cierto, el caso de una señorita —no sé si de Palencia o de Valladolid—, que le había aguantado al novio tal cantidad de desaires y de humillaciones que nadie se explicaba cómo no lo mandaba a paseo. Impertérrita ante las críticas de los familiares y los consejos de las amigas, apuró sin embargo basta las heces el cáliz de aquel noviazgo y logró finalmente, a base de pertinacia y disimulo acerca de sus verdaderos planes, vestirse de tules blancos y recorrer solemnemente el camino hasta el altar a los sones de la marcha nupcial de Mendelssohn. Una vez concluida la ceremonia y conseguido ante testigos el «sí» que pronunciaron los labios de su prometido, cuando le tocó a ella el turno de contestar si lo quería por esposo, se hizo un silencio expectante. «¡No, señor!», se la oyó pronunciar al fin con voz segura y bien timbrada, dirigiéndose al cura. Y, volviéndose acto seguido a todos los circunstantes que llenaban la iglesia, añadió con énfasis, haciendo un gesto teatral que los abarcaba con la mano: «¡Y si he llegado hasta aquí, es para que sepan todos ustedes que si me quedo soltera es porque me da la gana!» Dicho lo cual, se agarró la cola del vestido de novia con la mano derecha y desanduvo con taconeo resuelto el camino que la había llevado hasta el tribunal de Dios para dirimir su juicio ante los hombres”.

Carmen había contraído matrimonio con Rafael Sánchez Ferlosio y fueron la “pareja literaria” española más conocida de la segunda mitad del siglo XX, aunque sus peripecias personales tuvieron episodios muy dolorosos. Con apenas siete meses falleció su hijo, Miguel, y años después su hija Marta.

La relación con ella quizá impregnó la dedicatoria de los “Usos amorosos…” que antes mencionaba: “Para todas las mujeres españolas, entre cincuenta y sesenta años, que no entienden a sus hijos. Y para sus hijos, que no las entienden a ellas”.

Hablando de hijos y de lo que podemos ir avanzándoles, vuelvo por un instante a la chica “Caperucita” de Manhattan y su amor por los libros, por las historias… “Sara, antes de saber leer bien, a aquellos cuentos les añadía cosas y les inventaba finales diferentes. La viñeta que más le gustaba era la que representaba el encuentro de Caperucita Roja con el lobo en un claro del bosque; cogía toda una página y no podía dejarla de mirar. En aquel dibujo, el lobo tenía una cara tan buena, tan de estar pidiendo cariño, que Caperucita, claro, le contestaba fiándose de él, con una sonrisa encantadora. Sara también se fiaba de él, no le daba ningún miedo, era imposible que un animal tan simpático se pudiera comer a nadie. El final estaba equivocado. También el de Alicia, cuando dice que todo ha sido un sueño, para qué lo tiene que decir. Ni tampoco Robinson debe volver al mundo civilizado, si estaba tan contento en la isla. Lo que menos le gustaba a Sara eran los finales.”

Quizá a Carmen tampoco. La vida, la libertad, el amor… “Nunca está uno libre; el que no está atado a algo, no vive... Las verdaderas ataduras son las que uno escoge, las que se busca y se pone uno solo, pudiendo no tenerlas”.

Y, en el silencio del adiós, una dedicatoria que no deja lugar a dudas: “A mi madre, que nunca me forzó a ninguna cosa, que parecía que no me estaba enseñando nada…”  ¿No es eso, acaso, la libertad?

Toca recomenzar y diseñar un nuevo futuro. Quizá tomando el ferry en Battery Park como Sara, como Caperucita, como Carmen.

 

 

 

domingo, 9 de febrero de 2025

Veinticinco céntimos

 Mi columna de Opinión ayer sábado en DIARIO JAÉN me llevaba a interesarme por esos libros que nos han acompañado toda la vida. ¿Qué será de ellos?

Veinticinco céntimos.

Pedro López Yera

¿Sabes que esa tienda que acaban de abrir compra libros usados? Me lo comenta ese amigo que es consciente de que tu casa ya no dispone de resquicio alguno para albergar ni un solo volumen más a pesar de que la sigues alimentando con todo aquel libro que te regalan o compras compulsivamente con el ánimo de hacerlo tuyo, disfrutarlo aun sin tiempo para leerlo y atesorarlo como lo que en realidad es: parte de ti.

El concepto “libro usado” me parece especialmente despectivo. Un libro no se usa, se lee, se aspira, se desea… es un compañero que nunca defrauda.  Normalmente la compra de libros digamos, leídos, viajados, se disfraza con añagazas como… libera espacio, deshazte de lo que ya has leído, despréndete de los que no te ilusionaron lo suficiente y frases similares. Pero para quien de verdad los siente como algo que forma parte de su propio yo, no son válidas. No se abandona un libro en una caja de incierto destino. Si ya te lo has inyectado en vena nada ni nadie puede separarlo de ti. Y si está esperando que lo hagas, tampoco. 

Reconozco que, en un ataque de irresponsable traición, he paseado hasta ese recinto en que los libros abandonados esperan, como las mascotas añorantes de un arrumaco tierno, que alguien los quiera y los lleve a un nuevo hogar. Y allí, frente a ellos, he imaginado las vidas y circunstancias de quienes decidieron que ya no tenían alma ni corazón para ellos. Novelas, poemarios, libros de viaje, ensayos, Best Sellers de efímera presencia, cuentos infantiles… todos parecen guiñarte un poco el lomo ajado -algunos parecen impolutamente abandonados sin abrir y eso duele todavía más- como pidiendo una segunda oportunidad. Abres uno, al azar, y el alma se te revuelve en un chispazo de melancolía inmisericorde: “Nunca olvides que compré este libro para ti. No hay mejor poema que despertar en tus ojos” Y debajo, una firma que, aunque ilegible, te parece descifrar como “Aurelio”. Estás a punto de acercarte a la caja y llevarte aquella colección de versos, pero no lo haces. No puedes traicionar a ese Aurelio y, mucho menos, a la destinataria que, quién sabe la causa, decidió que ya no le interesaba ser “poema”. Muchos otros libros tienen una firma, una fecha, un pico doblado en varias páginas. Son libros “vividos” que rezuman emociones más allá de sus textos. Algunos tienen, incluso, alguna pequeña mancha ya seca por el avatar del calendario y no puedes dejar de imaginar que, tal vez, fue una lágrima, una salpicadura de comedor o dormitorio, una gota de ilusión apasionada y encuadernada. 

Decididamente no puedo abandonar mis libros y exponerlos en pública subasta. Me acompañarán siempre hasta que el último suspiro nos haga separarnos y ya no seamos parte indisoluble el uno de los otros y viceversa. Lo que haya que acontecer después ya corresponde a la línea sucesoria, esa a la que has imbuido siempre que has podido el amor por los libros. 

En un último escarceo antes de abandonar el escenario “del crimen” preguntas por el precio que abonan por los libros abandonados. Veinticinco céntimos por volumen, te dicen. Todos iguales, sin distinción. Y en ese momento huyes despavorido. ¿Ese es el precio que resume todo lo que un libro ha significado y sigue significando? Una lágrima, esta vez, tuya, cae a la acera mientras te marchas sin mirar atrás.

lunes, 3 de febrero de 2025

"La piedra... el testamento de mi alma" Los SUEÑOS DE VANDELVIRA llegan a Linares.

 Los SUEÑOS DE VANDELVIRA, ahora en LINARES, nos dejan otra visión de la vida y obra de nuestro genial arquitecto y maestro cantero. Mi artículo de ayer domingo en DIARIO JAÉN.





“LA PIEDRA… TESTAMENTO DE MI ALMA”
“La piedra es el testamento de mi alma. Y os la sigo ofreciendo siglos después” así habla el propio Andrés de Vandelvira en su ensoñación sobre Linares dentro de la gran exposición itinerante que bajo el título “Los Sueños de Vandelvira” está recorriendo buena parte de las tierras giennenses amén de otras localidades como Alcaraz, cuna del genial arquitecto y maestro cantero.
El panel dedicado a la localidad, con uno de los majestuosos dibujos de Juan Eduardo Latorre, nos deja, literalmente, atravesar no ya los recios sillares que, como en él afirma el propio Vandelvira, “fui llamado para edificar un templo de nueva factura sobre el antiguo gótico, aunque conservé algunos elementos de la cantería original” sino que el propio latido de ese alma que siempre guio sus manos, sus trazas, sus diseños, se nos muestra con tal intensidad que podemos sentirlo frente a nosotros, incluso su aliento, su dolor, sus sentimientos más íntimos: “Permitidme que respire hondo y trate de alejar de mi mente el dantesco espectáculo que aconteció en vuestra Guerra. No puedo imaginar mi obra siendo asaltada e incendiada ni ver la cúpula caer bajo el fuego…”
Y con “su” alma a flor de piel en Linares se ha inaugurado la muestra que recoge su paso por nuestra tierra con un emotivo acto al que han acudido, en representación de la corporación municipal la alcaldesa, Auxi del Olmo, la concejala de cultura, Susana Ferrer y varios técnicos del ayuntamiento. Por parte del Grupo Vandelvira, autores de los paneles de que consta la exposición, han asistido Juan Eduardo Latorre, alma mater de los dibujos; Pedro Antonio López Yera Vocal de relaciones con los Medios, uno de los “abducidos” por Vandelvira para dar voz a sus “sueños” con distintos textos; Joaquín Sánchez Joaquin Sanchez Estrella , Vocal de relaciones institucionales y dos miembros de la asociación: Manuel Navarro Jaramillo y Cristóbal Orihuela Mingorance en representación de los socios. Los distintos paneles de la exposición cuentan, además de los autores ya citados, con textos de Jesus Palomo y Francisco Latorre Mengíbar secretario y presidente de la Asociación respectivamente, corriendo el diseño general a cargo del artista gráfico Juan Carlos Quesada Garrido.
Tras una primera toma de contacto, los representantes municipales han iniciado un recorrido por los paneles expuestos interesándose por distintos aspectos tanto de la arquitectura allí plasmada como de anécdotas históricas o detalles de las distintas obras vandelvirianas.
Se ha incidido en el momento histórico en que la hoy Basílica Menor de Santa María de la Asunción comenzó a construirse apenas cuatro años después de la concesión a Linares por parte de Felipe II del privilegio del villazgo, momento en que se independizó de Baeza, de quien dependía desde la conquista de Fernando III. También de aquellos veinte mil ducados que su Real Majestad solicitó a cambio de tal privilegio.
El edificio que acoge la muestra, el Pósito como antes indicábamos, es un antiguo depósito de grano del XVIII que, a lo largo del tiempo ha sido prisión y centro educativo transformándose en la actualidad en centro cultural y de interpretación de la ciudad de Linares. El recinto acoge distintas experiencias museográficas tanto de la historia local como de expresiones artísticas como el toreo, el flamenco o las salas dedicadas al cantante Raphael.
Según información de la concejala de cultura se están gestionando distintas visitas guiadas de grupos locales con especial incidencia en centros educativos lo que enorgullece especialmente al Grupo Vandelvira por cuanto su labor de divulgación del arte, la cultura y las costumbres jaeneras tiene como objetivo principal, precisamente, llegar a las nuevas generaciones y acercarlas a lo que los siglos nos han ido legando.
Para terminar el acto el grupo Vandelvira fue invitado a visitar la Basílica de Santa María de la Asunción para ahondar más, si cabe, en la vida y obra del arquitecto renacentista.
La muestra quedará abierta en el Pósito hasta el próximo 9 de febrero en que continuará su periplo por la provincia tras haber visitado ya Úbeda, Baeza, Alcaraz, Sabiote, Canena, Villacarrilo, Huelma, Benatae, La Guardia, Segura de la Sierra o La Iruela entre otras localidades. Está en estudio la presentación en San Clemente (Cuenca), localidad en la que las trazas de su casa Consistorial se deben a Vandelvira. Asimismo, dentro de las celebraciones del 450 aniversario de la muerte del arquitecto y maestro cantero la muestra recalará de nuevo en la capital, en las salas de los Baños del Naranjo, junto con una serie de actividades, conferencias, etc. que se están programando y que, en breve, se darán a conocer.
El adiós a Linares del Grupo tras la inauguración se mece en otras de las frases que el propio Vandelvira “susurra” en su panel: “Sé que cuando os recogéis al amparo de estos muros sois capaces de vislumbrar la antigua mezquita, la primigenia iglesia, el templo gótico y el esplendor renacentista y me consuela que el devenir del tiempo haya permitido que un Papa de vuestro tiempo, Su Santidad Francisco, elevara el templo a la categoría de Basílica Menor”.
Y, con solo entornar los ojos, el propio Vandelvira nos despide con su peculiar gesto que para nosotros siempre estará ya unido a la magistral interpretación que del personaje ha interpretado en distintas inauguraciones de la muestra como Jaén y Úbeda el actor Eduardo Duro López, colaborador del Grupo en varias ocasiones. Como nos gusta afirmar, “nunca hubo un Vandelvira como el de Eduardo Duro”. Su espíritu sigue paseando entre los paneles que nos cuentan sus sueños…
FOTO 1. Corporación municipal y Grupo Vandelvira durante la inauguración en Linares.
FOTO 2. Panorámica de la muestra en la sala de exposiciones temporales del Pósito con la ensoñación de la figura de Vandelvira encarnada por el actor Eduardo Duro.